¿Presencia indefinida del Ejército?

Editorial EL UNIVERSAL

Hay quienes han visto la oportunidad de hacer negocios opacos con los cuerpos policiacos locales o estatales, como reveló en su columna de ayer la periodista Peniley Ramírez, donde no solo se da a conocer el turbio desvío de recursos del Estado hacia manos de particulares, sino que también se expone la explotación de los elementos que forman parte de tales corporaciones.

Por su parte, el Partido Encuentro Social (PES) en la Cámara de Diputados, ha presentado una reforma constitucional para que las Fuerzas Armadas sigan auxiliando en tareas de seguridad pública, tal como hasta ahora lo han venido haciendo ante la ola de violencia que sacude a México en distintos puntos de su geografía. De aceptarse la propuesta del PES, la cual no especifica una temporalidad para la presencia militar en tareas de seguridad, quedaría en simple promesa la que en campaña hizo el ahora Presidente de regresar al Ejército a sus cuarteles.

Pese a que ya está en funcionamiento la Guardia Nacional, la violencia y las masacres no terminan. Tampoco la de seguridad es una estrategia diferente de la de gobiernos anteriores, que siempre terminaron sacando al ejército a las calles para apoyar en tareas de vigilancia y contención de la violencia.

Tener a los efectivos militares ejerciendo tareas que corresponden a los cuerpos policiacos, resulta en un tremendo desgaste para una institución que en teoría debería constituir la última línea de defensa contra los enemigos de la población, pero ante los malos resultados de las estrategias de seguridad tanto a nivel federal como en cada uno de los estados, les corresponde ahora hacer el papel de policía de todo un país.

Lo anterior es resultado del poco o nulo nivel de profesionalización de las policías locales, a cuyos elementos se les ha venido escamoteando equipamiento, el acceso a un armamento moderno, capacitación en el uso del mismo, entrenamiento en tácticas especiales, y en algunos casos hasta se ha sabido de efectivos que tienen que comprar de su sueldo su propio uniforme.

Proponer que el Ejército esté de tiempo completo en las calles abona para ahondar aún más en la pauperización de los cuerpos policiacos existentes, al mismo tiempo que quitando a las fuerzas armadas de otras tareas y produciendo un constante desgaste de sus elementos. Hay que replantear las tareas de todos y cada uno de los cuerpos de seguridad de todos los niveles (federal, estatal y local), así como pugnar por su mejor equipamiento, capacitación y especialización en sus respectivos campos de acción.

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