OMS: el arrebato de Trump

Editorial EL UNIVERSAL

Como ya se esperaba, el presidente norteamericano Donald Trump anunció ayer la salida de su país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con lo que en los hechos significa despojarla del 15% de su presupuesto, que por parte de Estados Unidos era de unos 450 millones de dólares al año, lo que representa un duro golpe para el máximo organismo sanitario mundial, justo en el momento en que el mundo enfrenta en conjunto la peor crisis de salud de la era moderna.

Su reacción es un acto de castigo a lo que Trump aseguró como el consentimiento y permisividad de la OMS hacia China, por no haberla amonestado por haber notificado a tiempo de la pandemia que se estaba gestando en su territorio y que acabó por expandirse por los cinco continentes con las ahora sabidas consecuencias en millones de vidas perdidas y una de las peores, si no es que la máxima de todas, crisis económicas que han sacudido al planeta entero.

Trump dio un ultimátum a la OMS para que corrigiera sus políticas de lo que él denunció como favoritismo hacia China, nación que incluso otorga una aportación económica mucho menor (40 millones de dólares anuales) que representa menos de una décima parte de la estadounidense, por lo que Washington adujo sentirse en clara desventaja en el seno de la organización.

El mandatario estadounidense está en campaña rumbo hacia su reelección y echa mano precisamente de estos golpes de poder y prepotencia para dar la imagen a sus electores de que es un hombre decidido a imponer lo que considera “su” justicia, además de que, como todos los demagogos, va echándole la culpa a otros de lo mal que va su administración.

Señalando y magnificando los errores o faltas de otros, o revistiéndolos de actitudes perversas, es que el mandatario estadounidense desvía la atención de las fallas y el mal camino por el que lleva su gestión al frente de la Casa Blanca.

Dejar sin una considerable cantidad de recursos a un organismo que vigila por la salud mundial es sin duda una de las peores acciones en momentos en que la comunidad internacional debe contar con la mayor cantidad posible de fondos para atender la contingencia generada por la pandemia de Covid-19, de la cual aún no se sale por completo y en los que algunos países apenas están dando los primeros pasos en rumbo a retomar su normalidad y poder reencarrilar la economía con el menor número de daños colaterales en la medida de lo posible.

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