Números que no cuadran

Editorial EL UNIVERSAL

Son varios los especialistas, con grandes trayectorias que los avalan en su campo y a quienes no se les puede acusar de filiación política, los que cuestionan los números, las cifras, las estadísticas y pronósticos presentados por el subsecretario Hugo López-Gatell en sus conferencias de prensa. Hasta la noche de ayer, el subsecretario aún no había presentado una metodología que revele cómo elabora las estimaciones de personas contagiadas, dato fundamental considerando que México está en el sótano de las listas de países con pruebas de laboratorio aplicadas. Cuando ha ofrecido dar explicaciones al respecto, el funcionario elabora una amplia explicación que consigue atajar las dudas sobre por qué los números no cuadran.

Se emplean casos confirmados —o a veces los estimados— de forma discrecional a la hora de hacer los cálculos. Es decir, cuando elaboran en la Secretaría de Salud la tasa de letalidad, el gobierno divide fallecidos confirmados entre casos estimados (en vez de contagiados confirmados), lo cual da como resultado una tasa de letalidad menor.

Pero para la tasa de incidencia, en vez de tomarse los datos más amplios de número de casos estimados, se utilizan los casos confirmados, lo cual arroja una tasa de incidencia baja. ¿Cuál es la razón? No se explica.

Tampoco se responde a detalle el por qué de la discrepancia entre los decesos por Covid-19 entre autoridades federales y estatales, lo cual ha sido reportado en los casos de Puebla y Baja California (con gobiernos de Morena).

Las razones presentadas hoy en EL UNIVERSAL por el matemático Raúl Rojas expresan que no hay milagros estadísticos y que los modelos empleados por López-Gatell y su equipo dejan mucho qué desear a la hora de intentar comprender el comportamiento del coronavirus.

Para este experto, México apostó por un modelo “optimista” como el Centinela, dejando de lado otras metodologías más realistas aunque pesimistas desarrolladas en universidades y centros de investigación de Estados Unidos, las cuales, en ningún caso, se aventuran a dar por superada una epidemia en tan corto plazo ni dar una fecha determinada como fin de la contingencia o ni siquiera hablar de un día preciso como “pico” máximo de los contagios. Otro error cometido, a juicio del especialista, es el extrapolar los datos de la Ciudad de México como base de estimación para el resto de la República.

Aseverar que “hay luz al final del túnel” es una valoración que forma parte del modelo cuestionado. Lanzar campanas al vuelo y decir que ya se está “aplanando la curva” de contagios es una aseveración demasiado aventurada a partir de la escasa información (públicamente) disponible.

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