Normalizar la vida fronteriza

Editorial EL UNIVERSAL

Contra el pronóstico de que este mes se normalizaría la vida fronteriza, se ha anunciado una prolongación por lo menos de un mes más del cierre de la frontera entre México y Estados Unidos para tratar de contener los contagios por Covid-19.

Por el momento el cruce está limitado exclusivamente a residentes y a decir de las autoridades sanitarias locales, la medida ha demostrado su eficacia al haber conseguido reducir el número de contagios a ambos lados de la línea divisoria.

Sin embargo, para algunos de los residentes la medida se ha traducido en una incapacidad para tener contacto con familiares y amistades a ambos lados de la frontera por casi año y medio, mientras que para otros representó una pérdida económica al haber pagado una visa que no han podido usar, eso sin contar la cancelación de negocios, empleos, estudios o atención médica para quienes habían hecho de su rutina el paso hacia el país vecino.

En el combate y contención del coronavirus lo que ha dominado a nivel mundial es la falta de coordinación multilateral. Cada nación ha actuado de manera distinta. A nivel norteamericano, Canadá, Estados Unidos y México han ido cada uno por su parte, con lo que se pierde una oportunidad de profundizar la relación trilateral, más allá de lo estrictamente comercial.

Hace apenas unas semanas se dieron los primeros esbozos de reapertura con la donación de más de un millón de vacunas que EU hizo a México para aplicarse en la franja fronteriza con lo que la vacunación se aceleró en esta porción de la República. Baja California, por ejemplo, tiene hasta el momento el mayor índice de población vacunada en el país.

Aun así, las actividades entre las poblaciones de ambas naciones no han podido retomarse cabalmente y a ambos lados de la frontera se resienten los efectos de una relación parcial, restringida por medidas sanitarias desiguales entre uno y otro país, que si bien han mostrado su validez en el ámbito de la salud, no así en el económico y social, en especial para poblaciones que tienen su interacción tan acentuada y compenetrada.

El diálogo para devolver a la zona fronteriza su dinamismo tiene que retomarse y encontrar fórmulas que combinen seguridad contra el coronavirus y crecimiento económico, analizando pros y contras y teniendo en la mira el avance sanitario que ha podido alcanzarse con las campañas de vacunación en los dos países, mismo que permitirá un acercamiento ya más confiable, aunque sin prescindir del todo de las medidas preventivas que al parecer han llegado para quedarse.

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