Ni impunidad ni influencias

Editorial EL UNIVERSAL

La detención del segundo autor material del ataque con ácido a la saxofonista oaxaqueña María Elena Ríos, es sin duda un avance contra la impunidad de este incomprensible acto, pero que lleva a formularse varias preguntas sobre la saña con la que se cometió esta agresión contra una persona que sólo procuraba dar bienestar y felicidad con su música. En apariencia si bien la intención del ataque no era asesinar, sí lo fue el dejar secuelas de por vida, por lo que queda pendiente aún la aprehensión de Juan Vera Carrizal, exdiputado señalado por la joven como quien ordenó la agresión, y de quien se espera explique su presunta participación en los hechos.

Una posible pena de hasta 40 años de prisión para ambos atacantes materiales, padre e hijo de oficio albañil, es un castigo que se antoja insuficiente para la gravedad del daño inflingido, mismo que escala todavía más la tensión prevaleciente por el clima de violencia de género e inseguridad para las mujeres de todos el país, y que ha hecho necesario que no solo en México, sino en el mundo entero se hayan alzado las voces de todas ellas para exigir se detengan los actos de odio contra la mujer.

Es inquietante el número de casos de agresión a mujeres que se han suscitado en el país, pero el ataque con un elemento agregado como es el ácido lanzado contra el rostro es no solo una violación a la integridad física y una puesta en riesgo a la vida, sino también un terrible mensaje contra la autoestima de la persona agredida y, en este caso específico, un ataque seguramente premeditado contra el género femenino en su conjunto, toda vez que se trata de dañar la esencia de su identidad: su imagen, dejar una marca, una huella indeleble que se vuelve sobre todo también una advertencia de odio a otras mujeres.

Se debe trabajar en la construcción de un clima de mayor seguridad para las mujeres y también promover los temas de género desde la educación en las escuelas, para que con una adecuada formación, se despeje toda percepción de que la agresión y la violencia sean siquiera considerables. La detención de estas dos personas manda un mensaje de que no habrá impunidad para aquél que ataque a una mujer, pues de no haber castigo se genera un costo altísimo para el gobierno y la sociedad, ya que como en cualquier otro crimen de la índole que sea, si un acto dañino no tiene una repercusión para quien lo comete, se alienta no solo la comisión de más crímenes, sino la descomposición de todo el entramado social. Es un llamado a hacer la construcción de un México de cero impunidad en el que no haya influencia que valga. Por la justicia y por la igualdad de género.

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