A poco más de un mes de que se notificara la primera defunción por coronavirus en México, la asociación que representa a los empresarios del ramo funerario de la capital señala que la demanda de sus servicios han aumentado un 400% desde entonces y alertan por una inminente saturación de su trabajo, toda vez que nuestro país aún no alcanza el pico máximo de impacto de la enfermedad advertido por las autoridades de salud.

Su labor se complica no sólo por la creciente demanda, sino también por una eventual carencia de insumos y material que se ocupa en su quehacer, desde la propia fabricación de féretros, como la de equipo para sus trabajadores y artículos para el resguardo de los cadáveres, como las dobles bolsas sépticas en las que deben ser envueltos por indicación sanitaria.

Si bien reconocen que las autoridades sanitarias de la Ciudad de México les hicieron llegar tanto un protocolo de manejo de cadáveres por Covid-19, como otro de cuidados personales para los trabajadores funerarios, reconocen el riesgo al que se exponen, así como el deber que tienen con los deudos de enfatizarles se abstengan de intentar cualquier contacto físico con su familiar a manera de despedida, lo cual en muchos casos no es una tarea fácil y suele ser fuente de conflicto con los familiares.

En cuanto a la serie de directrices para el manejo de los cuerpos de personas fallecidas por coronavirus, se incluyen también normativas de carácter ético, como la de no divulgar información sobre la identidad del difunto o la de sus familiares, así como ningún señalamiento que revele la causa de muerte en esos casos.

No obstante en el trato de los cuerpos de fallecidos a causa de la pandemia aún faltan protocolos precisos. Los que hay de manera incipiente solo son una directriz que marca que no se efectúen velorios masivos, que se limitan a restringir el número de asistentes a 20 como máximo y con ceremonias que no deben extenderse más allá de 4 horas. En algunos estados ni siquiera se permiten las exequias u otro tipo de honras fúnebres como cortejos a marcha lenta, pues se indica que debe acelerarse lo más posible la disposición final del cuerpo, ya sea por inhumación o por cremación, por representar un posible foco de infección, de ahí que algunos procesos postmortem como el de embalsamamiento o el de la necropsia, estén prohibidos cuando la causa de deceso haya sido por Covid-19. Aún así, hay mucho desconocimiento en momentos en que lo más grave está aún por venir.

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