México, EU y el narcotráfico

Editorial EL UNIVERSAL

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Varias voces han coincidido sobre el aspecto terrorista de los cárteles mexicanos del narcotráfico. La semana pasada, el gobernador de Tamaulipas denunció que esos grupos criminales promueven el caos, el miedo y el terror. En el Congreso estadounidense desde principios de año legisladores republicanos plantearon la necesidad de designar terroristas a las bandas delictivas mexicanas. A esta petición se sumó el domingo la de la comunidad LeBarón a la Casa Blanca.

La respuesta del gobierno mexicano es en el sentido de que no es necesario calificar de terrorismo la actividad de los cárteles y se mostró confiado de que Estados Unidos no va a ir por esta ruta.

El optimismo, sin embargo, debería convertirse en cautela. El país vecino entrará en pocas semanas en un proceso electoral, en el cual México podría figurar como uno de los puntos centrales de las campañas, aunque no de manera positiva.

Así como hace cuatro años Donald Trump se basó en un discurso antiinmigrante y antimexicano, nada asegura que no recurrirá nuevamente a él.

Este año se ha referido en varias ocasiones al tema. En marzo, durante una entrevista, el presidente estadounidense aseguró que estaba pensando “muy seriamente” en designar a algunos cárteles como organizaciones terroristas extranjeras. Un mes más tarde, cuando amenazó con cerrar la frontera e imponer aranceles si México no contenía el flujo de migrantes, también mencionó que analizaba la opción de imponer sanciones económicas por “todas las drogas que entran a través de la frontera mexicana”. Y a principios de este mes, luego de que narcotraficantes masacraron a nueve integrantes de la familia LeBarón, consideró que era momento de declarar la guerra a los cárteles y ofreció apoyo a México para borrarlos “de la faz de la Tierra”.

Si Estados Unidos decide clasificar a los cárteles mexicanos como grupos terroristas podría, en determinado momento, lanzar una operación militar contra ellos, al considerarse acciones de “legítima defensa”, como los operativos para acabar con Osama bin Laden, en 2011, y contra Abu Bakr al-Baghdadi, hace menos de un mes.

El reclamo de la familia LeBarón es legítimo y la descripción que hacen de los cárteles es la más cercana a la realidad: “Con recursos aparentemente ilimitados, ha resultado casi imposible detenerlos. Dirigen las principales redes de trata de personas. Secuestran y extorsionan con casi total impunidad”.

La inseguridad y la violencia se están convirtiendo en el principal reto del gobierno federal. No es hora de minimizar el problema; por el contrario se debe reconocer su magnitud y adoptar una estrategia que arroje resultados. A nadie convendría una intervención de EU en el problema.

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