Metro: primer dictamen

Editorial EL UNIVERSAL

El primer peritaje solo tomó poco más de un mes y arroja como resultados una serie de irregularidades y malhechuras que saltan a la vista aun para quien no es ingeniero o está familiarizado con asuntos de construcción: pernos mal alineados o faltantes, soldaduras mal consolidadas o terminadas a medias, parches de cemento, varillas como solución rápida, pero inadecuada, y en general el no seguimiento a los planos originales es lo que revela este primer informe.

Se trató de la primera entrega de la firma noruega DNV, en la que se anuncia que aun quedan pendientes estudios para determinar si hubo intervenciones o adecuaciones posteriores que pudieran haber afectado la obra original, así como detectar discrepancias entre el diseño original y la construcción, además de constatar si se emplearon los materiales especificados en el proyecto inicial.

El gobierno de Claudia Sheinbaum sale bien librado porque en el informe se indica que el mantenimiento fue el adecuado, por lo menos para el material rodante (los trenes), el cual según el reporte cumplió con sus funciones operativas, mientras que señala como causa del accidente a fallas constructivas de origen, aunque precisaron que vendrán más estudios para corroborarlo.

Una obra como la del Metro de la Ciudad de México, que resulta de importancia estratégica y vital para la urbe, debería cumplir con condiciones de máxima seguridad y estar calculada incluso con condiciones sobrepasadas de operación, como convoyes llenos a máxima capacidad, condiciones climáticas adversas y hasta resistente a eventos naturales como terremotos o vientos, que pueden exponer a carga excesiva a las estructuras que lo conforman.

Pero este dictamen que debiera ser exclusivamente técnico, ha entrado irremediablemente en el terreno político, sin embargo no se deberían desvirtuar dos puntos muy importantes relacionados: la situación de las víctimas del accidente y el saber si lo que está revelando el peritaje no se repite en otros tramos de la línea que pudieran determinar colapsos futuros.

¿Se podría confiar en una línea de Metro que tenga este tipo de fallas presentes en toda su ruta? Y si el Comité que ahora se ha creado para rehabilitar el servicio descubriera que así fuera, valdría más actuar con frialdad, declarar la inutilidad de la obra y plantear su demolición y posterior reconstrucción con seguridad estructural reforzada.

Por el bien de los usuarios y en justa memoria de las víctimas, las verdaderas causas de esta tragedia se deben manejar con absoluta transparencia y lo más apegadas posible a la explicación técnica, desprovistas de sesgos o tintes políticos que quieran darle.

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