La brecha entre los millennials y los nacidos en el siglo pasado parece hacerse más ancha cada vez. Según un reportaje publicado en estas páginas, la penetración de la banca móvil es de tal contundencia que las sucursales físicas de los bancos podrían desaparecer en el mediano plazo, toda vez que los celulares están tomando su lugar cada vez más rápido al momento de hacer operaciones bancarias a través de aplicaciones o apps que están facilitando mover dinero, hacer pagos o depósitos, obtener créditos y préstamos, o contratar seguros o servicios, entre otras tantas funciones, sin necesidad de desplazarse físicamente o de estar sujetos a horarios de atención.

Según un sondeo, a los millennials les da más confianza tener contacto con su institución bancaria a través de una plataforma digital que acudir a una sucursal o marcar un número telefónico para exponer sus requerimientos, dudas o inquietudes personalmente, ya sea en una ventanilla o en un call center. Por el contrario, las personas de generaciones anteriores se sienten más cómodas acudiendo a sedes físicas y siendo atendidas por un funcionario en un escritorio con el cual pueden generar empatía, en vez de manipular un aparato al cual no acaban de entender a cabalidad en su funcionamiento, pese a lo intuitivo que pueda ser su manejo o lo amigable de su interfaz.

Si bien es altamente plausible que se apueste por la modernidad y la tecnologización de la vida cotidiana, en la que la bancarización es sólo una de miles de facetas, para hacerlo una realidad palpable es necesario primero completar la penetración de la banda ancha y el acceso a internet y la telefonía móvil en todo el territorio nacional, condición necesaria para que el público de cualquier estado y condición social o económica pueda integrarse a la banca digital, en la que tal vez en algún momento ya no se requiera de la impresión de papel moneda. Otra situación que parece no haberse tomado en cuenta cuando los bancos apuestan por la banca móvil es la vulnerabilidad de los sistemas de cómputo y de los dispositivos celulares para ser intervenidos, como lo demuestran recientes casos de ciberataques a los sistemas de bancos o grandes empresas como Yahoo, Facebook o Pemex. Y eso hablando de compañías que pueden asesorarse con expertos, pero no así para el público común que no podría distinguir entre una app certificada y una falsificada por criminales cibernéticos, tal y como ocurre hoy en día con los casos de phishing a través del correo electrónico, en donde el usuario llega a dar sus datos tras recibir mensajes que llegan con toda la apariencia de los que le envía su banco. Ahora la competencia será no por la comodidad del servicio, sino por su plena confiabilidad.

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