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21/09/2019
01:56
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Un grito de protesta incontenible está recorriendo al mundo. La mecha fue encendida en Asia y en este momento cubre casi ya la totalidad del globo terráqueo, llegando finalmente a América Latina después de pasar por Europa y África. Se trata de millones de jóvenes activistas y ambientalistas que están emprendiendo decididas acciones contra el cambio climático para crear conciencia no sólo entre los gobernantes, sino hacia todo habitante de este mundo que parece encaminarse hacia su apocalipsis.

Un frente de marchas en 150 naciones de prácticamente todos los continentes del mundo está llamando la atención incluso de los más indiferentes o escépticos. Y no es para menos: de las acciones que tomen hoy los gobiernos, empresarios y habitantes de todo el planeta, depende nuestra continuidad como especie y la supervivencia del hogar al que llamamos Tierra.

Los cálculos más conservadores señalan que unas 4 millones de personas en miles de centros urbanos de los cinco continentes estarían tomando las calles para obligar a dar un giro en el rumbo de descomposición que está llevando al planeta a una crisis ambiental de la que seguramente ya no habrá retorno ni vuelta atrás, pese a las insistentes reiteraciones de gente como Donald Trump que asegura que todo eso del calentamiento global es una farsa para impedir el avance del capitalismo y el progreso industrial.

Los jóvenes, en particular los estudiantes, están enarbolando la bandera contra el cambio climático. Y es que las señales ya están ahí, como el creciente y progresivo deshielo de los polos y la pérdida de glaciares que aún hasta el siglo pasado se consideraban perpetuos, o la cada vez más frecuente y extensa ola de incendios forestales que este año afectó incluso a zonas que antes se pensaba inmunes a este tipo de contingencias, como los que golpearon en múltiples frentes a la Amazonia, región considerada como el pulmón del mundo. Eso sin contar el ataque en serie de huracanes, tormentas y ciclones que causan estragos por inundaciones y deslaves a ricos y pobres por igual.

Ojalá la presión de todos estos jóvenes sea la suficiente para generar conciencia o por lo menos preocupación entre los líderes y políticos que pueden hacer algo en la cumbre que viene en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, para así evitar la debacle ambiental y un desastre de proporciones planetarias. De ahí que no sólo se demande la declaratoria de emergencia global, sino la adopción de ese novedoso concepto de “justicia climática” que revierta el daño causado por la humanidad al planeta Tierra. Aún estamos a tiempo.