Infancia violentada

Editorial EL UNIVERSAL

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El que un menor tenga desconocimiento de lo que puede abarcar un ataque sexual y que puede ir más allá del coito (extiendiéndose a tocamientos, diálogos lascivos u otras acciones por parte de un adulto), lo hace vulnerable a actos que se conocen como violaciones equiparadas y aunque son a veces muy difíciles de detectar por los niños que los reciben, han ido preocupantemente en aumento en el país.

Lo anterior lleva a reflexionar que si muchas de las víctimas de estas formas de abuso sexual desconocen o no reconocen que están siendo violentados porque hay ambigüedad y subjetividad por parte del niño o niña en cuanto a qué está bien y qué no en su relación con los adultos, quiere decir que las cifras presentadas constituyen apenas la punta de un inmenso iceberg sustentado por un mar tanto de ignorancia como de inocencia, especialmente cuando se trata de infantes de muy pocos años de edad, que no cuentan con los elementos para discernir lo que puede o no puede admitir en su trato con otros.

Las cifras oficiales arrojadas sobre este problema señalan que hasta el pasado mes de noviembre se llegó a una cantidad récord de 3 mil 461 de incidentes reportados en el país, casi 1,400 más de los que se reportaron en 2015. Tan sólo en la Ciudad de México la cifra casi se quintuplicó al pasar de 67 casos en 2015 a 268 en lo que va de 2019. Pero en Oaxaca la situación ha alcanzado marcas escandalizantes: de solo 12 casos registrados hace 4 años, en este 2019 se lleva ya registro de un total de 202, lo que implica que las víctimas se multiplicaron casi por 20 en la entidad.

Que estados como Hidalgo, Jalisco, Tamaulipas o Tlaxcala reporten cero incidentes de este tipo está muy lejos de tomarse como indicativo de que en esas entidades todo marcha sobre ruedas; podría tener más bien como trasfondo que sus niños y adolescentes carecen de orientación o una educación sexual adecuada que les permita reconocer cuando están siendo objeto de una perturbación. Incluso puede ser que hayan crecido en un ambiente familiar o social con una imagen distorsionada de lo que es permisible y lo que no. A ello hay que agregar que si detectaron algo que no estaba bien, su propia familia desestimó la situación o decidió no llevarla ante las autoridades; en otros casos, pese a que hubo denuncia, fueron las autoridades las que no reportaron los incidentes ante el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), que es la instancia encargada de llevar las estadísticas. El incremento en estos atentados contra la niñez demanda atención urgente.

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