Indígenas, entre lucha y resistencia

Editorial EL UNIVERSAL

Mañana martes se cumplen 529 años de que Cristóbal Colón llegó al continente americano. La fecha enciende polémica desde la manera en que se le denomine. Hay quienes rechazan que se le llame “descubrimiento” con el argumento de que nombrarlo así invisibiliza la situación de sometimiento que inició para los pueblos originarios, además de que ignora el hecho de que en estas tierras había culturas antes de su arribo.

Por ese motivo la fecha ha sido nombrada de diferentes formas en distintos países a lo largo del tiempo. Desde Día de la Raza y Día de la Hispanidad hasta Día del Encuentro de Dos Mundos. Se ha hecho costumbre también que cada 12 de octubre se exalte la herencia de las culturas que estaban asentadas en el continente desde antes de la llegada de los españoles. Se habla de la importancia de su legado, pero muy poco de la condición de atraso social en la que se encuentran a lo largo y ancho de América.

En las naciones latinoamericanas hay 54 millones de personas integrantes de grupos étnicos que enfrentan una situación de olvido y de maltrato.

Dirigentes indígenas de Ecuador y de Chile coinciden en que se han alcanzado algunos derechos, “pero a través de una lucha y de una resistencia”. Señalan que los territorios indígenas se fueron achicando y enfrentaron nuevas formas de esclavitud.

La situación que se describe de los pueblos originarios de Sudamérica es prácticamente la misma que viven las distintas etnias asentadas en México. De manera general, sus integrantes se encuentran al final del acceso a servicios públicos, a la atención de la salud e incluso a la impartición de justicia. En el país nombrar la palabra pueblos indígenas es sinónimo de pobreza y de atraso.

En esta fecha se volverán a escuchar los discursos que hablarán de la importancia de estos pueblos, de sus idiomas y de su identidad, pero no habrá ninguna referencias a las estadísticas que dan cuenta de su marginación y de sus carencias.

La mayor satisfacción que pueden recibir los millones de personas que forman parte de una comunidad étnica es sentirse parte del país en el que viven. Saber que, si lo desean, pueden contar con todas las oportunidades como el resto de los habitantes de sus naciones, sin sufrir discriminación. Si carecen de oportunidades, los discursos que se pronuncien no tendrán ningún sentido. América Latina es multicultural y debe reconocerse así.

 

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