Hospitales: la tarea de comunicar

Editorial EL UNIVERSAL

Una de las consecuencias más dolorosas que se produce cuando una persona con Covid-19 ingresa a un hospital es el aislamiento físico y la incomunicación entre familiares y el paciente. Nadie puede ingresar a los hospitales para pedir informes sobre su enfermo y mucho menos verlo.

Si hay evolución favorable, el reencuentro se da al abandonar el hospital. Si la evolución es fatal, el reencuentro —triste, duro— será solo entre cenizas y familiares. Al inicio de la pandemia en Europa, una de las escenas que más se conocieron fue la de videollamadas desde hospitales italianos para comunicar pacientes terminales y sus familiares.

Escenas de ese tipo comienzan a darse en centros covid de la capital del país. En los Módulos de Atención a Familiares se puso en marcha un mecanismo de llamadas y videollamadas para comunicar a pacientes y familiares. Los enlaces tienen una duración máxima de cinco minutos, utilizando el equipo móvil designado para ello. Cada unidad define horarios y modalidad, siempre tomando en cuenta que en primer lugar está la viabilidad médica del enfermo o enferma.

La falta de comunicación del interior de hospitales a la afligida familia ocasionó hace unos días que una turba ingresara por la fuerza y con violencia a una clínica en Ecatepec poniendo en riesgo su salud y la del personal médico.

Esposas, hermanos que esperan afuera de una institución hospitalaria información sobre un enfermo critican la indolencia de personal médico hacia ellos.

Desafortunadamente el trato para familiares de pacientes no es distinto al que prevalecía antes de la emergencia de salud. Una de las críticas que predominaba era la falta de empatía de personal médico hacia quienes solo quieren conocer el estado de salud de sus enfermos.

El elevado riesgo de contagio del coronavirus vino a acentuar la lejanía entre médicos y familiares. La rectificación que se está haciendo, al menos en la Ciudad de México, alienta la esperanza de un cambio para mostrar empatía y solidaridad con quienes están a la espera de información.

Además de las videollamadas, hay casos individuales de personal dispuesto a escuchar a familiares. En este diario hoy se presenta la historia de Laura, enfermera del hospital Manuel Gea González, quien todos los días llega una hora antes de su entrada habitual para recolectar cartas que las familias han escrito a sus pacientes y entregarlas o leerlas a quienes están internados por Covid.

Las videollamadas o las acciones individuales de enfermeras no tendrían que ser excepciones, sino la regla. En los escenarios postpandemia tiene que modificarse la relación hospitales-pacientes y hospitales-familiares. La emergencia debe ser una oportunidad para marcar un antes y un después en este tema.

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