Historial de abusos

Editorial EL UNIVERSAL

En el momento que un paciente es ingresado a una ambulancia para su traslado, se encuentra en una situación prehospitalaria, lo que exige condiciones mínimas de la unidad para atender emergencias en el trayecto al hospital. ¿Qué le espera al paciente y a sus familiares si, por la urgencia del momento, caen en manos de una ambulancia que no está debidamente legalizada y carece del acondicionamiento adecuado para el traslado? Lo mínimo es el cobro exagerado de los servicios, pero también puede ten

En el momento que un paciente es ingresado a una ambulancia para su traslado, se encuentra en una situación prehospitalaria, lo que exige condiciones mínimas de la unidad para atender emergencias en el trayecto al hospital. ¿Qué le espera al paciente y a sus familiares si, por la urgencia del momento, caen en manos de una ambulancia que no está debidamente legalizada y carece del acondicionamiento adecuado para el traslado? Lo mínimo es el cobro exagerado de los servicios, pero también puede tener un desenlace fatal para quien sufre de una afección en la salud.

En la capital del país, además del servicio de ambulancias públicas y privadas, ha crecido un sistema paralelo de unidades cuyo único fin es el de lucrar valiéndose del dolor y de la desesperación de familias.

Se trata de ambulancias que no cumplen con las características que la norma en la materia establece. Usualmente se encuentran estacionadas en calles de la Ciudad de México a la espera de interceptar comunicación de la autoridad para conocer de situaciones de emergencia, así como su ubicación, con el fin de llegar al sitio antes que alguna ambulancia de instituciones públicas o de empresas privadas que tienen acreditación.

Ahí comienza la cadena de abusos. Los pacientes son llevados a hospitales señalados de dar un pago a esas ambulancias por canalizarles personas que requieren atención médica. Para los familiares es el instante en que tienen que desembolsar miles de pesos por el “servicio”. Si en el trayecto se hace una “parada” en un hospital u otro lugar, la cuota puede ascender hasta los 11 mil pesos.

La existencia de esas unidades patito” podrían pronto ser solo historia si se acata la verificación de ambulancias que se dio a conocer hace unas semanas. La autoridad llevará a cabo una revisión de unidades para garantizar que cuenten con las características médico-técnicas adecuadas para atender pacientes y que el personal a bordo tenga conocimientos para brindar cuidados a la persona en traslado.

A lo anterior tendrían que sumarse campañas para invitar a quienes hayan sufrido ese tipo de abusos a presentar la denuncia correspondiente. Además de difundir cuáles son las líneas telefónicas a las que se puede recurrir para recibir la atención de una ambulancia en caso de una emergencia.

Aquellos que ven en el dolor ajeno una oportunidad para el abuso deben ser sancionados.

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