Hace falta diálogo

Editorial EL UNIVERSAL

Desde el gobierno hay una postura de ignorar, atacar y descalificar posiciones contrarias al proyecto oficial, en lugar de ofrecer apertura, diálogo y una búsqueda conjunta de soluciones.

Ante las aseveraciones de que se atenta contra la libertad de expresión, EL UNIVERSAL ha comenzado a presentar una serie de entrevistas para analizar el tema y la relación que los intelectuales y comunicadores han establecido con el nuevo gobierno de México. Se trata de exponer la opinión y el sentir de periodistas, comunicadores, académicos, escritores y cartonistas del más amplio espectro de posturas, que representen los distintos modos de pensar con respecto al ambiente nacional que se vive entre el gobierno, sus simpatizantes y sus opositores. La voz del gobierno también ha estado presente.

Muchos de los entrevistados aseguran haberse sentido atacados o despreciados por expresar sus opiniones.

Por su parte, López Obrador ha dicho que, desde el presidente Francisco I. Madero, él ha sido el mandatario más atacado. Curioso que, si por ataques de la prensa se trata, se compare con Madero y no con Porfirio Díaz, o más recientemente, con Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas de Gortari, Fox, Calderón o Peña Nieto, que igual o hasta más cuestionados por los medios informativos fueron en sus respectivos periodos de gobierno.

Pero como señaló José Carreño Carlón, anteayer en estas páginas, desde el podio presidencial se ataca cualquier crítica o disenso hacia el proyecto gubernamental, con la exhibición y el descrédito a los discrepantes, buscando su menosprecio público y su reducción a la marginalidad, en una especie de linchamiento, de inquisición que lo mismo les resta lectores que anunciantes o patrocinios. Esto es: una muerte civil.

Se trata de un tipo de censura que, si bien no se ejerce de forma directa como antes —cuando había oficinas gubernamentales y funcionarios encargados de ejercerla y marcar líneas a seguir u omitir—, ahora se hace con intimidación en la que se buscan fallas o debilidades administrativas de las empresas informativas o de periodistas específcos, como forma de debilitamiento.

Así, se han sucedido las descalificaciones a periodistas, a especialistas, a publicaciones extranjeras, a gobernadores de oposición. Y aunque contra algunos sectores no hay ataques directos, hay al menos un desdén desde el poder hacia quien opina diferente.

Al ambiente nacional le urge debatir ideas, pues las partes enfrentadas no se escuchan. Hace falta diálogo. Esta casa editorial se ha distinguido en el último medio siglo por dar cabida a todas las opiniones. Si caben en estas páginas, deben caber en el país.

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