Hablar mucho no es lo mismo que abrirse

Editorial EL UNIVERSAL

Ante la revelación que se hace desde el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), de que en lo que va de la presente administración no ha mejorado la transparencia, si se le compara con la que había en los sexenios previos, queda de manifiesto que la aseveración presidencial de que su gobierno es distinto de los anteriores, todavía está muy lejos de cumplirse.

La entrevista que sostuvo este diario con Francisco Javier Acuña Llamas, comisionado presidente del INAI, deja ver que aunque ha aumentado en casi una tercera parte el número de personas que se acercan a la institución con el objetivo de obtener acceso a documentación relacionada con la gestión pública, no se ha incrementado en la misma proporción ni la cantidad de información ni la rapidez de respuesta; además de que hay una insatisfacción generalizada, una vez canalizados los usuarios al área de su interés, con la calidad de la información que se recibe, lo que redunda en que la gente tenga la necesidad de hacer segundas o terceras solicitudes al INAI, o regrese con quejas al instituto porque sus dudas no fueron resueltas satisfactoriamente en su primer acercamiento, lo que convella disgusto o malestar contra el INAI y no tanto contra la dependencia de la cual se inquirió documentación.

Como podría esperarse, la mayor parte de las dudas e investigaciones están relacionadas con las grandes obras emprendidas por la actual administración del presidente Andrés Manuel López Obrador, como lo es el aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía, Estado de México, o el trazo y construcción del Tren Maya, proyectos ambos por los que hay una preocupación generalizada, tanto por sus costos, las licitaciones o la afectación al ambiente.

Aunque el mandatario ha tomado como una de las banderas de su gobierno el hacer conferencias matutinas dirigidas a la nación casi a diario, salir a hablar todas las mañanas no es transparencia. Transparencia es tener acceso total e irrestricto a información de interés público con la finalidad de que la gente los consulte, se informe, compare, analice, certifique, busque segundas o terceras opiniones y pueda emitir juicios a favor o en contra de las políticas públicas y representantes, para saber qué se hizo mal, qué no se hizo o qué falta por hacerse. Y en ese sentido, en materia de acceso libre a la documentación oficial y la rendición de cuentas, todavía se está más cerca de la opacidad que de la transparencia.

 

 

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