Esperanzador giro en política exterior

Editorial EL UNIVERSAL

Como anfitrión de una mesa de pláticas entre el gobierno de Venezuela y la oposición de ese país, México retoma acertadamente su papel de promotor de reconciliación entre grupos en conflicto en países latinoamericanos. Una línea que predominó en el siglo pasado, pero que a lo largo de todo el siglo XXI había estado ausente.

Durante el siglo XX, México se distinguió por una activa presencia internacional que lo llevó a presentar varias iniciativas encaminadas a preservar la paz mundial o regional y fue espacio de diálogo para dirimir diversos conflictos armados y políticos.

En 1967, México impulsó la firma del Tratado de Tlatelolco, por el cual los países de América Latina y el Caribe se comprometieron a no desarrollar armamento nuclear. Este logro llevó a que en 1982 le fuera otorgado a su promotor, Alfonso García Robles, el premio Nobel de la Paz. En 1983, a instancias de México, se fundó el Grupo Contadora para intentar dar una solución multilateral a los conflictos que se vivían por entonces en Centroamérica.

Nuestro territorio fue, durante la década de los 90, también escenario de mesas de diálogo entre movimientos guerrilleros de Guatemala, El Salvador y Colombia, con representantes de los respectivos gobiernos de sus naciones.

Ahora nuestro país se vuelve sede de una serie de conversaciones destinadas a destrabar el conflicto persistente entre el gobierno de Venezuela encabezado por el presidente Nicolás Maduro y la oposición liderada por el activista Juan Guaidó, en lo que representa la peor crisis política y social de las últimas décadas en esa nación.

Se trata del quinto intento externo por lograr un acercamiento entre ambas partes, pero que por lo polarizado del distanciamiento, se sienten lejanas las posibilidades de solución o por lo menos de entendimiento. No obstante, nuestro país hará su mejor esfuerzo de mediación e intentará revivir los tiempos en los que tuvo un destacado papel en el marco de las relaciones internacionales y la promoción de la paz, siempre teniendo presente su política de no intervención y de libre autodeterminación de los pueblos.

Ahora con este esfuerzo destinado a solucionar la crisis venezolana, México podría recobrar la influencia que tuvo en décadas pasadas en el concierto internacional y en especial en la región latinoamericana, y tratar de enmendar su larga ausencia.

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