Embestida al sistema de retiro

Editorial EL UNIVERSAL

Era uno de los efectos más previsibles y a la vez uno de los menos considerados por el gobierno al momento de decretar la suspensión parcial de actividades en el intento por contener el impacto de la epidemia de Covid-19 y la franca imposibilidad de cientos de empresas para sostener su planta laboral durante dos, tres o más meses sin ingresos o con una gran porción de éstos mermados.

Ahora, como una consecuencia directa de la pérdida de empleos por la crisis, miles de ahora extrabajadores que contaban con una plaza formal, han comenzado a hacer la solicitud de ayuda por desempleo, que es un retiro parcial y anticipado de los recursos con que contaban para su retiro.

Así que sumado a la grave problemática en la que están miles de extrabajadores, que ni siquiera cuentan con la posibilidad de reinsertarse en el mercado de trabajo toda vez que la crisis es general, hay también otra doble afectación: a la misma clase laboral al retirar recursos destinados para su vejez y el impacto que representa para el sistema de ahorro para el retiro, que puede ver comprometida su capacidad financiera justo en el momento en que van a pensionarse las primeras generaciones bajo el esquema Afore.

Hay también una consecuencia para el desarrollo del país, porque las afores invierten los recursos en proyectos productivos, por lo que el retiro masivo de fondos forzará a desinvertir para apoyar a los trabajadores. Esa es probablemente la consecuencia más negativa del rechazo gubernamental a apoyar a las empresas, pues la mayoría de ellas otorgan prestaciones a los trabajadores.

Es tal vez la parte que el gobierno no ha entendido: atender la crisis económica y salvar la mayor cantidad posible de empleos, debe basarse en un acuerdo de apoyo mutuo con todos los sectores, porque al apuntalar a las empresas, el Estado se ayuda a sí mismo y garantiza la recaudación futura por concepto de cuotas patronales y pago de impuestos, lo que redunda en beneficio de todos.

La administración actual debe dejar de considerar a la iniciativa privada, a las empresas, como entes ajenos, sino como un complemento intrínseco y necesario de su propio papel en la economía. Así que desentenderse del rescate o apoyo a los generadores de empleo, es como darse un tiro en el pie, porque los ingresos que la IP y sus trabajadores generen, son también los que harán circular el dinero y que irán a parar al erario de múltiples formas y posibilitarán la consecución de sus proyectos y objetivos más ambiciosos.

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