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El semáforo de la pobreza

Editorial EL UNIVERSAL

Como se preveía, el regreso al semáforo rojo por emergencia sanitaria en algunas entidades del país es sinónimo de agravamiento de crisis económica, que golpeará aún más a la ya de por sí depauperada sociedad mexicana, llevando a la pobreza y pobreza extrema a un mayor número de connacionales, sumados a los que ya se sumieron en tales categorías en la primera ola de contagios.

Aunado a la precarización laboral que ya se advertía antes del inicio de la pandemia y de la deprimente tasa cero de crecimiento de la economía registrada de forma previa a la contingencia, el Covid-19 alejó aún más a los mexicanos de la posibilidad de escapar de la pobreza.

Según lo que advierte José Nabor Cruz, secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en las condiciones actuales que presenta la economía nacional bajo el impacto de la contingencia sanitaria que ha llevado a imponer nuevamente restricciones a la movilidad de los ciudadanos y a la actividad económica, tardará más de un año tan solo para regresar a los índices de pobreza que se tenían a principios de este año, y otros varios años más para reducirlos.

A decir del funcionario del Coneval, si a inicios de 2020 se estaban dando algunos pasos que permitieran reducir el impacto social de la caída de la economía registrado al finalizar 2019, lo avanzado se perdió por el golpe dado por el arribo de la pandemia a nuestro país, impacto que hizo incrementar la pobreza de la población a un muy preocupante 44.5%, su punto máximo desde que el Coneval inició su medición en 2005.

Ahora, paradójicamente, aunque los mexicanos quieren retomar sus actividades sociales y laborales para restaurar lo más rápido posible su economía y la de la nación, esa misma ansiedad es la que nos ha vuelto a poner en semáforo rojo y pese a los esfuerzos que hicieron los gobiernos locales para no regresar a esa fase y extender hasta donde se pudo el estado naranja.

Y a ello desafortunadamente contribuyó tanto la necesidad de tener ingresos como incluso la propia esperanza de contar con una vacuna en el corto plazo, aunado al descrédito de algunos sobre la existencia de la enfermedad o el fastidio de otros hacia el acatamiento de medidas de higiene y prevención para evitar contagios, así como algunos mensajes poco claros o contradictorios del gobierno federal.

Es de lamentar que sea la propia sociedad, con sus ganas de retomar la vida que llevaba antes de la irrupción del coronavirus en sus vidas, la que empujó al regreso del semáforo rojo en el Valle de México y algunas otras entidades de la República. La vacuna ya es una realidad, pero por lo mismo hay que dar el último esfuerzo de todos para detener la propagación del virus. Sólo así podremos ver pronto la luz verde en ese semáforo.

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