El riesgo de la apertura

Editorial EL UNIVERSAL

A menos de dos meses de iniciada la jornada nacional de sana distancia y de haberse declarado la emergencia sanitaria en el país, 269 municipios en 15 estados pueden iniciar a partir de hoy la transición a la “nueva normalidad”, que implica retomar las actividades cotidianas. A pesar de la luz verde del gobierno federal, a nivel local hay reticencias y en algunas localidades incluso rechazo a la reapertura.

El riesgo no es menor: en Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Nuevo León, seis de las 15 entidades en donde se realizará esta primera etapa de reactivación, más de 60% de la población tiene un alto riesgo de contraer Covid-19, por las enfermedades preexistentes, de acuerdo con el Índice de Vulnerabilidad creado por el Centro Mexicano de Ecología Industrial, que difundió este diario el viernes pasado.

Expertos han advertido que 157 de esos 269 municipios no necesariamente están libres de contagios. Debido a que no superan los 2 mil 500 habitantes, el número de pruebas realizadas debe ser de cero, uno, dos o tres; “a tamaños pequeños de población aumenta la probabilidad, estadísticamente hablando, de poder clasificarlo libre de contagios”, refieren especialistas.

En Guerrero, entidad con elevado índice de pobreza, los 12 municipios en condiciones para reanudar actividades acordaron permanecer atrincherados. La miseria, la falta de servicios públicos, de médicos y hospitales los convierte en altamente vulnerables.

Lo que autoridades locales describen hoy en estas páginas es válido para muchas decenas más de otras entidades: municipios con hasta 75% de la población sin acceso a agua potable, familias que viven en un cuarto, casas sin servicio sanitario; la proporción de médicos por habitantes está muy lejos de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Trasladarse desde La Montaña de Guerrero al hospital más cercano toma hasta ocho horas de camino.

Dar el banderazo de salida a un grupo de municipios donde vive la población más vulnerable implica altos riesgos. Ante un eventual panorama de contagios en zonas serranas, ¿habría atención médica oportuna? ¿se dotará a las comunidades de cubrebocas o gel antibacterial? ¿qué protocolo se seguirá si surge un brote? Todos los escenarios posibles tienen que preverse para actuar en consecuencia y no lamentar después una apertura precipitada.

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