El reto de la crisis anunciada

Editorial EL UNIVERSAL

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Una recesión peor que la de la Gran Depresión de 1929, es como la cataloga desde ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) a la repercusión que dejará en la economía mundial el gran confinamiento impuesto en la mayoría de las naciones como medida de contención y amortiguamiento de los efectos de la pandemia de Covid-19, y que ha supuesto la paralización de casi todas las actividades humanas.

En su informe Perspectivas económicas mundiales, el FMI detalla que el confinamiento obligado supondrá una caída del 3% en la economía global y la entrada en recesión de más de 170 naciones, una de ellas la nuestra (con pronóstico de desplome superior al 6%), ya de por sí afectada por una prolongada crisis con bajo desarrollo de varias décadas de gestación.

Se trata de un episodio inédito en la historia mundial, ya que si bien de forma cíclica se han presentado epidemias de grandes proporciones y con efectos devastadores en vidas humanas, nunca como ahora se había dispuesto la paralización de actividades como medida de contención contra un brote epidémico. Aunque en el pasado las enfermedades contagiosas llevaban en algún momento a un freno en la economía, es tal vez la primera vez que de forma preventiva se procede a la inversa, con efectos igualmente adversos pero por lo menos sin la mortandad desbordada de épocas pasadas.

Acertadamente, algunos analistas han descrito a la crisis mundial provocada por el coronavirus como un gran tsunami en cámara lenta, cuyos efectos dañinos se van a presentar unos de forma inmediata y otros más de manera paulatina una vez que sus olas lleguen a otros ámbitos que no fueron golpeados por la embestida principal, por lo que la necesaria recuperación, una vez cesada la contingencia, será a su vez demasiado lenta, sobre todo en países como el nuestro que de por sí estaban afectados desde antes de la pandemia por una confluencia de factores negativos que impedían cualquier posibilidad sana de desarrollo. Si bien a todas las naciones les costará retornar a la normalidad, la nuestra en especial tendrá que esforzarse el doble o triple que las demás para volver a crecer.

Hay que estar preparados. Lo ideal es que entre todos los sectores de la sociedad haya apoyos y juntos —gobierno, sector privado y sociedad— poner cada uno de su parte para que esta contingencia de salud registre la menor cantidad de efectos adversos sobre la humanidad. Se trata de estar unidos en el peor escenario experimentado por el mundo desde las dos grandes guerras registradas en la primera mitad del siglo XX.

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