El Paso: heridas de odio

Editorial EL UNIVERSAL

Hace casi dos años la ciudad de El Paso, Texas, fronteriza con Ciudad Juárez, Chihuahua, y la población de ambas naciones que mantienen una intensa vida de interrelaciones e intercambios mutuos, fueron sacudidas por un terremoto de odio a manos de Patrick Crusius, un delirante partidario de las ideas sobre la supremacía blanca, que armado con un rifle de asalto, comenzó a disparar casi indiscriminadamente sobre los clientes de un centro comercial de esa urbe.

Según confesó más tarde, tras ser detenido por la Policía, condujo diez horas desde su lugar de residencia hasta ese sitio con el único propósito de acabar con la vida del mayor número de latinos que pudiera, toda vez que creía actuar en defensa de su país ante lo que consideraba la invasión hispana de Texas. 

Tales declaraciones no eran más que una expresión de su convencimiento personal en una teoría conspiracionista conocida como la del “gran reemplazo”, que sostiene la existencia de un complot que pretende que Estados Unidos deje de ser un país de mayoría blanca y que busca aniquilar su tradición cultural de raíces europeas, a través de su transformación étnica.

“Ellos son los instigadores, no yo”, adujo como justificación de su ataque lanzado contra personas inocentes. Y aunque sobre Crusius pende una muy probable sentencia de muerte, sus abogados están tratando de salvarle la vida alegando una supuesto trastorno psicótico y hasta una discapacidad mental de su cliente, pese a que se demostró que el homicidio múltiple cometido por él, en el que 23 personas perdieron la vida (9 de ellas mexicanas), fue cometido de manera premeditada y planificada.

El aumento del sentimiento antilatino en EU se refleja a través de un incremento de 8.7% en crímenes de odio contra hispanos residentes o en tránsito por la Unión Americana. Esta violencia ha crecido exacerbada por el discurso que por cuatro años, o incluso más, manejó el expresidente Donald Trump, quien aunque ya concluyó su administración, dejó tras de sí una cauda de racismo, pues si él pudo llegar al poder fue porque una buena parte de la población estadounidense se identificó con su pensamiento y su posición antiinmigrante.

La de El Paso se trató de la peor masacre contra población hispana en la historia moderna de Estados Unidos, y tanto sus pobladores, como los de Ciudad Juárez, y en sí los de ambas naciones, requerimos impulsar un proceso para la sanación de la relación con la población anglosajona de Norteamérica. Es tiempo de que hispanos y otros grupos étnicos exijan respeto, ahora por parte de la administración de Joe Biden

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