El gasto en Pemex

Editorial EL UNIVERSAL

En el sexenio pasado el gobierno federal anunció a los cuatro vientos que se había acabado “la gallina de los huevos de oro”, en alusión a los recursos económicos que por décadas generó Petróleos Mexicanos. La polémica giró en torno a si en realidad se había terminado o si la mataron de forma intencional.

Las pérdidas que se reportaban entonces prevalecen todavía, a pesar de las inyecciones millonarias que la actual administración realiza con el fin de rescatar algo de la otrora grandeza de la industria petrolera mexicana. Tan solo de 2019 a junio de este año la Secretaría de Energía le transfirió 281 mil 561 millones de pesos. Prácticamente la mitad de esos recursos se va al negocio de refinación que año con año solo reporta pérdidas cuantiosas. Los proyectos que más absorben dinero son la construcción de la refinería de Dos Bocas y el aprovechamiento de los residuales que deja la refinería de Tula.

Las pérdidas del negocio de refinación alcanzaron en 2019 los 72 mil 428 millones de pesos; en 2020 fueron 219 mil 342 millones, y en el primer semestre de este año los números rojos alcanzan 70 mil 167 millones de pesos.

A pesar de ello, hace unos días se conoció que la asignación de recursos continuará. Se estima que entre 2022 y 2024 la unidad de negocio de refinación requerirá casi 170 mil millones de pesos adicionales para que el Sistema Nacional de Refinación esté en condiciones de lograr la autosuficiencia comprometida por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

El objetivo es loable, pero está saliendo muy caro para las finanzas del país. La defensa de la idea de soberanía energética a como dé lugar, en estos momentos de crisis generada por la pandemia de coronavirus, puede estar desviando recursos millonarios que serían más útiles en el apoyo al sistema de salud o a la generación de empleos.

Además, se está apostando por mantener el uso de gasolinas, una industria que expertos internacionales le han fijado fecha de extinción para dar paso a industrias limpias y modernas.

Si se han destinado miles de millones de pesos a consolidar las refinerías y a construir una nueva, la pregunta es ¿cuánto se eroga para desarrollar en el país energías limpias e ir dejando atrás el uso de gasolinas? ¿Qué pasará cuando en unas décadas el mundo haya sustituido los combustibles de origen fósil? ¿Se podrá decir que habrá valido la pena el millonario desembolso actual?

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