El dilema de abrir los restaurantes

Editorial EL UNIVERSAL

La situación que se vive en el mundo como consecuencia de la pandemia está poniendo a muchos sectores contra las cuerdas y a los gobiernos entre la espada y la pared. Hay compañías que están quebrando, otras apenas sobreviven y las pocas se reinventan si las condiciones se lo permiten.

En la capital del país la industria restaurantera ha hecho llamados urgentes a que la autoridad les permita laborar con clientes dentro de sus instalaciones para no perecer. “Abrimos o nos morimos” es su grito de resistencia.

Este lunes algunos establecimientos desoyeron el llamado de la autoridad a que permanezcan cerrados para evitar concentraciones de personas en un periodo en el que la ocupación hospitalaria por casos de covid llega a 90% en el valle de México. En distintos puntos de la ciudad se vieron restaurantes que permitían el acceso a clientes.

El gobierno capitalino argumenta que sitios cerrados como los restaurantes, donde no se utiliza cubrebocas y se pierde la sana distancia, son de alto riesgo para la propagación del coronavirus. ¿Cuál debe ser la decisión correcta, entonces? ¿Condenar a un sector a la extinción o condenar a la ciudad al desbordamiento del sector salud?

El gremio restaurantero se queja de que no hay piso parejo, pues pequeños negocios y puestos informales de comida laboran virtualmente sin restricciones.

El sector comercial también comienza a lanzar protestas por la falta de equidad. Mientras en la temporada decembrina y de Día de Reyes los negocios formalmente establecidos estuvieron impedidos de abrir, luego de que la situación en los hospitales obligó a instaurar el semáfo rojo que frena las actividades comerciales, el comercio en la vía pública atrajo a cientos de compradores sin que alguien se preocupara por conservar la sana distancia o exigir el uso de cubrebocas.

Mientras los reclamos de restaurantes se extienden, el apoyo que ofrece la autoridad, de condonar el pago del impuesto sobre la nómina, no los convence y ayer cumplieron con el amago que habían hecho, y abrieron. En algunos casos recibieron apercibimientos por personal del gobierno capitalino, sin que fueran forzados a bajar las cortinas. En este tema de algo se puede estar seguro: la confrontación no es la ruta para resolver problemas.

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