El costo de la inexperiencia

Editorial EL UNIVERSAL

En el gobierno federal ha sido más útil cargar las maletas o limpiar el atril del titular del Poder Ejecutivo, para ascender a un mejor cargo, que tener la preparación idónea para un nuevo puesto. En al menos una docena de casos formar parte del primer círculo de ayudantes del presidente de la República ha dejado buenos dividendos.

En un recuento que hoy presenta EL UNIVERSAL se documenta, entre otros ejemplos, cómo dos integrantes de la logística de campaña del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador en pocos meses pasaron a ocupar las coordinaciones nacionales de Infraestructura Hospitalaria y la de Abastecimiento y Distribución de Medicamentos e Insumos del Insabi, con la respectiva modificación salarial, que se elevó de 35 mil a casi 104 mil pesos mensuales.

La política que ha defendido este gobierno es la de privilegiar la honestidad por encima de la capacidad. Así, se han presentado situaciones como la de Ángel Carrizales López –que se suma a las citadas–, quien, de abrirle paso a la camioneta presidencial y cargar maletas pasó, en noviembre de 2019, a ser el director ejecutivo de la Agencia de Seguridad Energía y Ambiente (Asea), pese a no tener experiencia.

La honestidad que se busca no es una cualidad visible; por ese motivo, el desempeño honesto debe estar supeditado a otro tipo de cuestiones más allá de la simple confianza. Una forma tangible de la honestidad es la transparencia y rendición de cuentas que deben estar establecidas de manera clara en las obligaciones a cumplir por todo funcionario federal.

Apostar a una burocracia federal que responda de manera ciega a las instrucciones que se dicten desde la cúpula representa un riesgo para el correcto funcionamiento del aparato gubernamental. En posiciones del sector energético y del sector salud, áreas clave para el desarrollo económico y para la atención a la población, hay ejemplos de cómo la formación profesional se encuentra alejada del perfil requerido para esos cargos. A la hora de delegar decisiones, el gobierno federal debe de contar con los mejores cuadros del país, que se responsabilicen de las decisiones tomadas, pues las malas decisiones pueden repercutir en graves afectaciones para amplios grupos de la sociedad.

En el país no tendría que haber gran dificultad en encontrar aspirantes que combinen preparación y honestidad, pero esa no parece ser la intención. Seguir por la ruta de elegir a perfiles inexpertos puede traer altos costos y daños difíciles de revertir.

 

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