Colaboración, no imposición

Editorial EL UNIVERSAL

Desde el primer minuto de este sábado México y Estados Unidos limitaron los cruces fronterizos. Con el objetivo de frenar la expansión de la pandemia ocasionada por el coronavirus, ambos gobiernos acordaron suspender el “tráfico no esencial”. El comercio bilateral no se verá afectado, y solo podrán traspasar fronteras aquellas personas que tengan un compromiso laboral, médico o comercial.

La medida anunciada ayer es muy diferente a la que sugirió Donald Trump desde el pasado 29 de febrero cuando planteó el cierre total y unilateral de la frontera con México en un intento por detener la propagación de la enfermedad. En esa fecha EU contabilizaba 22 casos confirmados, mientras México reportaba solo dos.

Entre la idea original del presidente estadounidense y la que se detalló este viernes hay grandes diferencias. Lo relevante es que se trata de una acción de común acuerdo producto del diálogo, similar a la que Washington alcanzó con Canadá esta semana.

Cualquier freno a la integración comercial que tiene la región de América del Norte ocasionaría cuantiosas pérdidas para las tres partes. La cadena de suministros simplemente no puede detenerse. Todo cambio en la relación debe adoptarse forzosamente desde la negociación. Atrás quedaron las imposiciones a México desde el gobierno estadounidense.

En ese sentido también tiene que analizarse desde una perspectiva mexicana una eventual prohibición a la llegada de vuelos procedentes de Europa. Aunque Trump lo dio por hecho, la Cancillería informó que no se ha tomado una decisión al respecto, pero se está estudiando luego de que la Casa Blanca expresó su temor a que viajeros europeos lleguen a Estados Unidos vía México.

Lo que no podrá evitarse en el acuerdo sobre el cierre parcial de la frontera es la afectación a la industria turística, que se nutre principalmente de ciudadanos estadounidenses que realizan visitas cortas a las principales ciudades de la frontera mexicana.

Ante este escenario los gobiernos estatales y el federal deberían tener sobre el escritorio las condiciones que impulsarán para reactivar sectores afectados en la zona fronteriza y en el resto del país.

La emergencia desatada por el coronavirus no puede enfrentarse con decisiones surgidas desde la imposición. Los acuerdos siempre rendirán mayores frutos que las medidas unilaterales, sean una negociación con la mayor potencia del mundo o con las entidades federativas. Hay que privilegiar el diálogo.

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