Ciencia y carencia

Editorial EL UNIVERSAL

Lo que en principio pareció una simple broma o una fake news, dado que no contaban con antecedentes de que se estuviera considerando hacerles una petición así, finalmente a los integrantes del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) les fue solicitado se solidaricen con México donando los estímulos a la investigación que reciben para solventar gastos urgentes que tiene el sistema de salud nacional, así como una forma de apoyo y reconocimiento a la labor que realizan médicos, enfermeras y personal hospitalario para combatir el impacto de la actual pandemia de coronavirus en nuestro territorio.

Si bien la ayuda solicitada a ellos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) es de carácter voluntario, llama la atención que las autoridades federales hayan puesto el ojo precisamente en los integrantes de uno de los sectores más olvidados no sólo por éste, sino por varias administraciones anteriores. Según lo expresado por las autoridades involucradas, se esperaría recaudar hasta 1,650 millones de pesos en tres meses, de contar con la participación de todo el sistema de investigadores, lo cual se ve francamente imposible.

Desde que el gobierno federal presentó su proyecto de presupuesto y dedicó tan sólo 5 líneas referidas a la ciencia, levantó las suspicacias de quienes quisieron ver en ese acto, un manifiesto desinterés de la administración actual por la investigación científica, por lo que ahora hacer un llamado de esta naturaleza a los científicos parece más una medida desesperada de juntar recursos de donde se pueda.

Contrario a la idea general que se tiene, los estímulos son para gran parte de los científicos e investigadores del SNI su principal fuente de ingreso, y no, como concibe el gobierno, un extra del que gustosamente podrían desprenderse sin afectar su modo de vida.

Es por ello el clamor general de que en lugar de andar pidiendo cuotas, atender antes el llamado de eliminar proyectos de gobierno que, a consideración de los propios especialistas, son inviables, como Dos Bocas y Santa Lucía, y que en la crisis en que se encuentra el país, comienzan a ser vistos como compromisos onerosos que bien podrían por lo menos postergarse hasta en tanto no hayan signos de recuperación en la salud económica de la nación.

En un medio tan castigado y con tantas carencias para cumplir su trabajo como el de la ciencia, siquiera se debería analizar cualquier donación de recursos antes de pedir a los científicos ese sacrificio. Cuando en otras épocas se ha hecho un llamado a evitar la fuga de cerebros, las autoridades actuales solicitan a los investigadores hagan un esfuerzo que está fuera de sus posibilidades cuando lo que requieren es poder cumplir su labor social de la manera más digna posible.

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