Involucrar a ciudadanos en actividades que transformen su entorno y en asuntos de gobierno es uno de los temas pendientes en las sociedades democráticas. La apatía predomina en la mayoría de los casos, tanto en gobiernos como en la población.

En la Ciudad de México desde 1995 se ha impulsado de manera formal la participación de la comunidad en asuntos que le competen de manera directa. Hace casi 25 años se plantearon los Consejos Ciudadanos, con el objetivo de fomentar la inclusión vecinal en los programas de las entonces delegaciones, por medio de la supervisión y la evaluación.

Con los años la posibilidad de que los ciudadanos puedan plantear acciones específicas se ha ido modificando hasta derivar en una ley de participación que permite a los habitantes de las ahora alcaldías proponer y votar proyectos de mejora comunitaria y obtener recursos para realizarlos.

Ayer esta normatividad se modificó en medio del rechazo inicial de partidos de oposición, pues, entre otros aspectos, planteaba la elección de los integrantes de las próximas Comisiones de Participación Comunitaria por medio de sorteo o insaculación; al final se ratificó el derecho de los ciudadanos a votar y ser votados para ser representantes de la comunidad.

Entre lo aprobado se encuentra también el aumento de los recursos que se destinan a proyectos vecinales, el llamado presupuesto participativo, que pasó de 3% a 4% de la partida que se asigna a las alcaldías.

Cada vez que un grupo de ciudadanos propone formas de mejorar su calle, su colonia o su barrio —y la autoridad proporciona los medios para lograrlo— la ciudad gana habitantes comprometidos con el desarrollo de la calidad de vida en la capital. El gobierno no tendría que colocar obstáculos a la participación, sino fomentarla cada vez más.

Al final del día, lo aprobado ayer en el Congreso de la Ciudad de México no recibió ningún voto en contra; a pesar de ello conviene evaluar la nueva forma de participación vecinal, para definir si se limita o se amplía la posibilidad de participar para los capitalinos. Todo cambio tiene que ser para mejorar.

Luego de momentos en los que ha parecido haber un desencanto con la democracia y en especial con los partidos políticos, no debe temerse al poder ciudadano. Por el contrario, podría representar aire fresco en las acciones de gobierno.

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