Candidaturas independientes en extinción

Editorial EL UNIVERSAL

La esperanza que alguna vez hizo nacer entre el electorado la figura de las candidaturas independientes como respuesta y contrapeso a los candidatos partidistas tradicionales, al parecer está por apagarse sin haber concretado nunca sus fines o un arrastre político o popular.

Idealmente, un candidato independiente debía mostrarse como ajeno a la formación y los intereses partidistas, a las mañas vinculadas a los políticos convencionales que solo veían el cargo de elección popular como un escalón para alcanzar un ingreso y modo de vida garantizado, o para utilizar el puesto por el que competían no para servir a la ciudadanía que los elegía, sino como instrumento para satisfacer intereses personales o partidistas.

La figura del candidato independiente surgía como la de un ciudadano interesado en corregir las carencias que se vivían en su entorno inmediato, en hacer oír la voz de sus vecinos o la de la comunidad a la cual salía a representar. Por lo general se identificaba con demandas concretas, que podían ser de corte laboral, educativo o ecológico.

Para el proceso electoral de este 2021 apenas un raquítico total de tres aspirantes de este origen culminaron el proceso para ser electos en los comicios de junio próximo, a diferencia de años recientes en los que en algún momento se llegaron a registrar hasta 38 candidatos independientes a diputaciones

Lo anterior es muestra por un lado del desgaste de imagen y objetivos que experimentan las aspiraciones independientes, y por otro un contexto donde hay fuerzas políticas que arrasan y embisten como si fueran aplanadoras, y contra las que simplemente no parece haber oportunidad posible de llegar a ocupar un cargo por otra vía que no sea la partidista, con lo que la factibilidad de constituirse en alternativa se anula.

En realidad las candidaturas independientes fueron utilizadas por políticos tradicionales hartos de sus propios partidos o insatisfechos con procedimientos, rituales internos o ideologías caducas, o para dar la apariencia de despojarse del desprestigio de sus organizaciones políticas de origen y presentarse como independientes con nueva mentalidad y propuestas inéditas, aunque nunca en realidad lo fueron.

En el fondo siempre hizo falta ver ciudadanos auténticamente independientes, pero para ser justos hay una enorme disparidad entre el acceso que un ciudadano común podría tener a todo el aparato de promoción y de propaganda electoral, contra lo que la maquinaria partidista ofrece, por lo que esa gran desventaja es la que ha hecho a los aspirantes a volver a acercarse a los partidos de siempre, en un ciclo que parece no podrá romperse en el futuro inmediato.

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