Año de violencia familiar

Editorial EL UNIVERSAL

Fiscalías de todo el país reportan un acumulado de más de 233 mil casos de violencia familiar que se registraron a lo largo de este 2021 que hoy concluye. Desde 2015, cuando este fenómeno comenzó a contabilizarse con 127 mil casos, es más que claro que los ambientes caseros nocivos casi se han duplicado en algo más de un lustro.

Se trata de un incremento de más de 13 mil casos reportados este año con respecto al pasado, y que parece echar por tierra la hipótesis que relacionaba el aumento récord de 2020 con el confinamiento que se vivió entonces a raíz de la pandemia de Covid-19.

Pero este año, pese a que la pandemia no ha cesado y se han registrado segunda y tercera olas de contagios, y con todo y la aparición de nuevas variantes del virus, la tensión vivida en 2020 pareció comenzar a relajarse en 2021, no así la violencia intrafamiliar, que continuó su carrera ascendente, tal vez no solo por el confinamiento, sino sobre todo por la crisis y los apuros económicos provocados por la contingencia sanitaria.

La incidencia a la alza puede explicarse también gracias a un aumento en la práctica de la denuncia, debido en buena parte a la expansión del movimiento feminista y al aumento de la conciencia social que ha dejado de normalizar conductas que antes se veían como propias de la dinámica familiar y que debían quedar como secretos en nombre de la discreción.

Pero un cierre de 2021 con máximos históricos en los registros de violencia familiar lleva a cuestionarnos la persistencia de conductas violentas dentro de los hogares, así como de la indolencia de las instituciones a las que supuestamente correspondería atender y evitar tales situaciones, comenzando desde el jefe del Ejecutivo que no reconocía este fenómeno porque “todo el pueblo es bueno”. Fue después de mucha presión que admitió un incremento en la violencia contra las mujeres y en especial la que se gestaba al interior de los hogares.

El que la propia familia sea el origen de muchos casos de violencia debe generar el interés oficial en conocer qué es lo que motiva que se den conductas agresivas entre sus integrantes, personas entre las que debería privar el cariño y el cuidado mutuo. Que 2022 sea por fin el año en que comience a declinar este trastorno social.

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