La decisión de la Corte

Edgar Elías Azar

 No es mi intención criticar la decisión de la Corte sobre la llamada consulta popular. Lo que sí es mi intención es, que en este álgido debate, debemos recordar varios aciertos en el fallo judicial. Es decir, a veces, por debatir un punto, perdemos de vista el universo entero que implica una decisión de la Corte de ese tamaño.

Pero antes de entrar en algunas de las virtudes, debemos recordar una cuestión de carácter formal derivada del modelo de la democracia constitucional, al que supuestamente todos nos apegamos en la modernidad, y esta es: la institucionalidad. Efectivamente, en toda democracia constitucional, la Corte es la institución que tiene la última palabra. Y si todos estamos comprometidos con el modelo de democracia que he mencionado, luego entonces, debemos aceptar la decisión de la Corte en aras de apoyar el modelo político señalado. A las Cortes se les debe obedecer.

Por supuesto, que se podría argumentar que eso no quiere decir que no se pueda criticar. Por supuesto que se puede criticar. Toda decisión de los tribunales, puede ser y es criticable. Pero tanto mejor si se hace desde la perspectiva jurídica y no desde la palestra política. La primera clase de crítica, la jurídica, contribuye al robustecimiento de nuestra democracia, la segunda, la política, tan sólo mella la solidez de nuestras instituciones. Poner en duda la legitimidad de la Corte o, incluso, su tendencia política, es tanto como poner en duda a la institución jurisdiccional (y a sus miembros) más relevante para el desarrollo de la democracia constitucional en nuestro país. Jurídicamente, podemos estar de acuerdo o no con sus decisiones, pero es distinto poner en duda su calidad de garante de derechos.

Ahora bien, una de las virtudes de la decisión es la importancia que la Corte le ha atribuido a las consultas. Ahora sí, sin hablar de los propósitos de una consulta en particular, sí es importante que la Corte haya señalado su relevancia para el modelo de sistema constitucional que defiende.

Las consultas tienen dos características que son dignas de tomar en cuenta: el depositar una importancia determinada en la participación ciudadana para tomar decisiones de Estado urgentes o relevantes. Es decir, involucrar a la ciudadanía siempre ha sido, y seguirá siendo, la idea de un sistema democrático. Involucrarlos con las decisiones de Estado. De lo contrario, los ciudadanos se ven alejados en los procesos de toma de decisiones. En ese punto, la Corte acertó definitivamente.

La segunda característica es que las consultas aportan legitimidad a las decisiones. No se trata de derivar responsabilidades, se trata de respaldar decisiones. Son dos cosas muy distintas. Uno se quejaría de que el director de un banco tome unilateralmente una decisión determinante para la economía, sin que venga respaldada por un comité. Al final, el responsable es el director, sin embargo, la decisión viene respaldada (legitimada) por un cuerpo externo.

En ese sentido, la Corte aportó un marco para que se puedan tomar decisiones relevantes con el respaldo social y político necesario. Y eso es parte de la democracia.

Otra virtud es que la Corte hizo un paso importante en la llamada justicia transicional. Es decir, en aquella clase de justicia que le pide cuentas al pasado, para comprender el presente y arribar sin cicatrices al futuro. Sin duda alguna, hay muchos temas en nuestro país que deben ser esclarecidos, los cuales, no encuentran cauce jurídico propiamente dicho.

En algunos países, por ejemplo, Argentina, se han practicado comisiones de la verdad. En México, en algún momento se buscó realizarlas sobre variados temas. Sin embargo, los cauces jurídicos no los permiten en muchas ocasiones. Ya sea, porqué han prescrito las conductas delictivas, ya sea porqué las pruebas no tienen las características requeridas por los tribunales ordinarios, etc. Las razones que sean, eso, lo único que impide es que podamos esclarecer dudas que, como sociedad, tenemos; dudas que dejan cicatrices, que impiden el camino, que alteran el ánimo.

Sin ánimos de criticar esa decisión en particular de la corte, me parece que hay muchas cosas que podemos rescatar de la decisión tomada. Con el añadido de que, la Corte, en una democracia constitucional siempre tiene la última palabra. Y así debe ser.  

Magistrado del PJCDMX. Exembajador de México en los Países Bajos

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