Segundo informe y ecos del pasado

Darío Ibarra

En entrevista para una miniserie sobre el año 1994, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari cita a Maquiavelo diciendo que cuando un Gobierno hace alguna reforma, enfrenta resistencias de aquellos que son perjudicados de manera inmediata y no siempre se recibe apoyo de los que saldrán beneficiados, pues los beneficios no ven de manera inmediata. Esas declaraciones se refieren a su propio mandato, pero dicho argumento se aplica perfectamente al contexto actual. En el primer caso, se profundizaron reformas que en gran medida han traído al país al punto donde estamos, y en el segundo, se está buscando revertir lo que en su momento se realizó. Llama la atención que ambos personajes sostengan que las medidas tomadas fueron, o son, para beneficio de la población. Se trata, a final de cuentas de visiones distintas de país. En el informe de Gobierno, el actual presidente perdió oportunidad para auto elogiarse, eso es algo que cualquier político hace. Lo que es importante, sin embargo, son los resultados. De las llamadas “reformas neoliberales” ya tenemos evidencia, pero las acciones de de la autodenominada 4T, aún están por verse.

Las Reformas económicas llevadas a cabo en nuestro país desde la década de los ochenta, llamadas por muchos “neoliberales”, trajeron consigo la reducción del Gobierno a través de empresas públicas, la apertura económica que se consolidó con la firma del TLCAN, la desregulación de mercados y la modificación del sistema de pensiones. Muchas de tales reformas se nos vendieron como el camino a la prosperidad y el crecimiento económico. Lo cierto es que nos quedaron a deber. Durante las últimas décadas no se redujo la brecha en la distribución del ingreso, por el contrario, tenemos ahora empresarios cuya riqueza se incrementó durante este periodo, en algunas ocasiones se enriquecieron a partir de la compra de empresas que antaño eran propiedad pública. Pero los beneficios no se repartieron entre la totalidad de la población.

Los Gobiernos panista no hicieron gran diferencia con respecto a los previos. Durante los primeros años del nuevo milenio se crearon y fortalecieron instancias cuyo objetivo era fortalecer la presencia del sector privado en diversos sectores de la economía y crear entes regulatorios que supervisarían que se dieran condiciones de competencia, que a la postre se reflejarían en mayor calidad y menor precio de los bienes ofrecidos. El ideal teórico seguido es el de uno que sólo existe en los libros de texto, pero no en la realidad: el de la competencia perfecta, que atomiza a los productores y les quita poder de mercado. La realidad ha terminado por imponerse: el confinamiento ha mostrado que las empresas grandes son las que tienen capacidad de sobrevivencia en contextos adversos; las empresas pequeñas son las más vulnerables, y son una fuerte carga para las familias que son dueñas de éstas, pues deben cargar con actividades económicas que a duras penas permiten sobrevivir, pero que las más de las veces no son las adecuadas para generar riqueza económica o ahorro que permita reinvertir o dar el paso a la inclusión de tecnología.

Que los beneficios de las reformas económicas de los últimos 40 años no hayan llegado al grueso de la población, crearon las condiciones para la llegada al poder de la llamada 4T. El Gobierno actual tiene delante de sí el reto de auténticamente incrementar el nivel de vida de gran parte de la población y generar crecimiento económico. De no conseguirlo, corren el riesgo de no tener continuidad y que el país se vuelva a reinventar en 2024. En el segundo informe parece claro que algo que en general se alcanzó, aunque no en todas las instancias públicas, es aminorar el derroche económico que en ocasiones llegaba a niveles de escándalo y que se manifestaba en los elevados sueldos y prestaciones de la llamada “burocracia dorada”. Pero las relaciones con el sector privado no siempre han sido las mejores. La caída en la inversión privada desde hace más de dos años, que se acentuó cuando se conocieron los resultados de la elección presidencial, es un factor de riesgo que podría comprometer el crecimiento del país.

A prácticamente dos años de Gobierno efectivo es importante que la actual administración se mire a sí misma con ojos críticos. Es importante tirar a la basura lo que no sirve, pero también lo es el conservar lo que ha dado resultados, dentro de esto se encuentra el T-MEC que, con todo y que el TLCAN nos quedó a deber, ha servido para incrementar el comercio internacional y para que los mexicanos tengamos acceso a bienes que hace algunas décadas sólo se conseguían de contrabando. El acceso a dichos bienes no es algo menor.

El confinamiento ha traído una crisis de dimensiones colosales. Ahora que nos encontramos en la etapa en la que regresaremos a la (nueva) normalidad veremos si las políticas seguidas nos ayudan a generar mayor crecimiento económico y si éste permite incrementar el nivel de vida de la población. De ser así, podría haber espacio para que las políticas que se están siguiendo tengan continuidad durante el siguiente sexenio. De otro modo, tal vez llegue al poder un nuevo Gobierno, que al igual que muchos otros, pretenda hacer renacer el país nace se inicia su mandato. La moneda está en el aire.

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