Secuelas de la COP 26

Darío Ibarra

Las dos semanas previas los principales líderes del mundo se reunieron en la llamada Conferencia de las Partes en su edición 26 (COP 26) para abordar el problema mundial del cambio climático y las acciones que se pueden llevar a cabo para mitigar, o idealmente eliminar, este problema. La preocupación internacional es auténtica, pero existen muchos problemas que dificultan llegar a acuerdos para realizar acciones, planes y políticas públicas que se traduzcan en un mejor planeta. La mayoría de los líderes políticos son conscientes del problema, pero las empresas y la población parecen no estarlo tomando tan en serio. La producción y consumo desmesurado de plástico, por poner un ejemplo, así como el uso indiscriminado del automóvil por la mayoría de los ciudadanos son muestra de que las personas “de a pie” y la industria tenemos que dar un paso importante en este combate para rescatar al planeta. El primer paso es la conciencia ecológica. Lamentablemente no todos la tenemos.

Está por demás decir que el calentamiento global es el mayor reto que enfrentamos como especie. Ni siquiera la pandemia por la que estamos atravesando se equipara a este desafío, sin embargo, parte del problema es la falta de conciencia de gran parte de la población. El principio que sostiene que una parte importante de la solución de un problema es reconocer su existencia es clara en este caso. Los políticos y empresarios del mundo parecen darse cuenta de esta situación, pero la evidencia indica que no están actuando en consecuencia. En la COP 26, un hecho que quedó al descubierto es que varios países están “maquillando” los datos sobre emisión de gases de efecto invernadero, por lo que están sub reportando lo que realmente emiten. A este fenómeno se le llama “green washing”, implica envolverse en el manto ambientalista sin realmente serlo. Podemos pretender engañarnos a nosotros mismos, pero a la naturaleza nunca. Por lo tanto, concientizarnos sobre lo dramático del problema es muy probablemente el primer paso que debemos dar.

Durante décadas se ha sugerido que los mecanismos de mercado, como el caso de los bonos para emisión comercializar el derecho a emitir gases de efecto invernadero provocaría que las empresas reconocieran el costo social de contaminar. Pero al paso, primero de los años y ahora de las décadas, es más que evidente que el mecanismo de mercado es insuficiente para resolver este problema. Por lo tanto, es necesaria la intervención del sector público para atacar este infortunio. La prohibición tajante del uso de ciertos combustibles, como el carbón, puede ser un primer paso en este camino. Limitar la producción de plástico de un solo uso o prohibirlo abiertamente puede ser otro. Es más fácil decirlo que hacerlo por la gran cantidad de repercusiones económicas que dichas medidas traen consigo. En México, en el norte del país hay comunidades que viven casi exclusivamente de la explotación de carbón mineral, por lo que, ante una posible prohibición, es necesario crear alternativas laborales para que los pobladores puedan tener una vida decorosa y tambien afable con el medio ambiente. Tanto el sector privado como el público, así como las mismas comunidades, deben trabajar en la búsqueda de soluciones al respecto.

No deja de asombrarme que en la Ciudad de México la gran mayoría de los vehículos que circulan llevan al conductor como único pasajero. En el mejor de los casos llevan a uno o dos acompañantes, pero no son la mayoría de los casos. La contaminación generada por los vehículos nos está asfixiando, pero los automovilistas siguen exigiendo mejores condiciones para poder circular con sus respectivos vehículos en lugar de apostar a los medios de circulación masiva, caminar, transportarse a través de bicicletas, o bien la descentralización de la oferta laboral. El vehículo sigue siendo símbolo de status social y es parte de la tragedia ambiental que estamos viviendo. Reconocer este problema y actuar en consecuencia es parte de lo que como sociedad nos corresponde hacer. No todo le corresponde al sector público o las empresas.

Llegar a un acuerdo sobre la definición de desarrollo sustentable, fue una discusión internacional que implicó al menos veinte años. Generar políticas y acuerdos podría implicar todavía más tiempo, mismo que no tenemos. Para algunos podría parecer exagerado decir que el tiempo se nos acabó, otros vemos que el planeta está ardiendo y que la parte consciente e inteligente que habita sobre él, los humanos, no estamos tomando las medidas que debemos para rescatarlo. Reuniones como la COP 26 que recién termina serán insuficientes si no vienen acompañadas de acciones reales que nos corresponde a todos.

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM y UDLAP Jenkins Graduate School.
 

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