Recuperación salarial

Darío Ibarra

En la década de los 70’s, el salario mínimo tuvo una trayectoria creciente: en su momento parecía cumplir con el mandato constitucional de ser suficiente para mantener a una familia decorosamente. Llegó a su nivel máximo en 1977 y de ahí en adelante el nivel general de precios creció por encima de él. La caída del poder de compra se redujo en 1994, coincidiendo con la entrada en vigor del TLCAN, durante décadas se mantuvo estable, creciendo apenas al mismo nivel que la inflación; para entonces se había reducido a casi una cuarta parte del nivel alcanzado en su momento máximo. Ahora que se incrementará en 15%, múltiples voces se han alzado para señalar que costará la vida de muchas empresas. Lo cierto es que, para llegar al máximo nivel que tuvo hace 45 años, casi se tendría que multiplicar por cuatro, por lo que queda mucho por hacer y debe recuperarse más.

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La llamada década perdida, la de los 80, implicó una dramática caída en el poder de compra del salario mínimo. Los Pactos Económicos ayudaron a contener el incremento en precios, a costa del deterioro en el poder de compra de los trabajadores. Después de la firma del TLCAN, durante la era de la primera versión del tratado, los sueldos apenas crecieron al rimo de la inflación, por lo que, en términos reales, es decir, descontando el efecto del incremento en precios, el salario mínimo simplemente no creció.

Después de alcanzar la estabilidad de precios los salarios reales siguieron sin incremento alguno. El argumento era que esto provocaría inflación y que sólo deberían incrementarse cuando hubiera incremento en la productividad. La economía ha crecido a tasas sumamente mediocres de 1993 a la fecha, pero el crecimiento promedio ha sido positivo, por lo que el incremento en la productividad, por ínfimo que sea, no se reflejó en mayor poder de compra para los trabajadores. En resumen, pareciera que la política salarial estaba hecha para empobrecer al grueso de la población.

La llegada del nuevo Gobierno vino acompañada de un notorio incremento en los salarios mínimos. Desde 2018 se ha venido observando la recuperación salarial. Este año es la tercera vez consecutiva en que el poder de compra del salario mínimo se recupera. A dos años de distancia es evidente que no provocó inflación, ahora los detractores del incremento sostienen que habrá mayor desempleo y quiebra de empresas que no puedan soportar este incremento.

Otros más, basándose en lo que dicen los libros de texto de Economía neoclásica, sostienen que, ante el incremento, el desempleo será mayor. Esto será agudizado por el impacto que ha tenido el confinamiento en la economía. Es altamente probable que de manera temporal se presente una etapa de mayor desempleo, pero tarde o temprano tendremos recuperación.

La realidad del mercado laboral es que los trabajadores tienen menor poder de negociación que los patrones. Por ello es que los sueldo se han mantenido tan bajos. Una política salarial que permita su recuperación gradual lo que hace es empoderar minimamente, a través del marco normativo, a los trabajadores.

Queda mucho camino por recorrer. Los incrementos salariales de los últimos años le han permitido recuperar su poder de compra, pero para llegar a su nivel máximo de 1977, todavía debería incrementarse en un 200%, es decir, el salario actual debería multiplicarse por tres, pero no es prudente hacerlo de un solo golpe, por lo que, en materia de recuperación salarial, nos encontramos en el camino correcto.

La reciente aprobación a la reforma al sistema de pensiones es incompleta, pero ayudará a que, en poco tiempo se tengan mejores condiciones para recibir una pensión digna. Esto incrementará el costo del trabajo. Como sociedad deberemos pagarlo, no hacerlo implicaría que el grueso de la población se siga manteniendo en la pobreza.

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