Darío Ibarra y Gustavo Acua Popocatl

El año 2020 comienza con una serie de eventos en la arena internacional que ha tenido como protagonista principal a los Estados Unidos. En algunos foros pareciera haberse creado una suerte de psicosis respecto a la posibilidad de desatar una guerra militar que podría tener dimensiones internacionales. Pero no es tan sencillo. Una de las características de la democracia del país de las barras y las estrellas es que existen mecanismos de contrapeso al poder que tiene el ejecutivo. En el terreno internacional, el libre comercio y la declaración de guerra tienen características peculiares.

Uno de los mecanismos concebidos por el gobierno de los Estados Unidos para superar la gran depresión económica de 1929, fue el fomento de las exportaciones y la negociación de acuerdos comerciales con otros países para abrir los mercados a las mercancías de Estados Unidos. En la década de los treintas, el Congreso (única autoridad facultada por la constitución de ese país para establecer los aranceles), realizó una delegación de autoridad permitiendo a la presidencia la negociación de los acuerdos comerciales cuyo principal propósito fuera la reducción de aranceles, al término de esas negociaciones los acuerdos entraban en vigor en EU como si fueran leyes internas por votación mayoritaria de ambas cámaras. La presidencia, a su vez, delegaba al Departamento de Estado la negociación real de los acuerdos comerciales.

A principios de la década de los setentas, con el resurgimiento económico de Japón y Europa occidental, algunos grupos de presión públicos y privados en EU demandaron al Congreso quitarle al Departamento de Estado la facultad de negociar los acuerdos comerciales, porque consideraban que éstos eran firmados más con propósitos políticos y diplomáticos que anteponiendo intereses económicos nacionales, y recomendaron que el Departamento de Comercio los negociara. Sensible a los objetivos diplomáticos de la presidencia, el congreso pensó que delegar la autoridad al departamento de comercio llevaría a la política comercial de EU al otro extremo: anteponiendo intereses económicos a los estratégicos propósitos diplomáticos presentes durante la guerra fría, por lo que se propuso una salida intermedia: crear la figura del representante comercial de EU, que tomaría en cuenta tanto intereses económicos como diplomáticos al momento de negociar.

En relación con el manejo de los recursos de guerra de los EU, la autoridad para utilizar estos recursos prácticamente era inversa: la presidencia tenía poderes amplios para declarar la guerra y usar todos los recursos económicos y bélicos para alcanzar los objetivos fijados por la propia presidencia, esto ocurrió así desde la guerra con España en 1898, hasta la década de los setentas, cuando el fracaso estrepitoso de la intervención en Vietnam (una guerra librada por EU en donde no hubo nunca una declaración formal anunciada por el Presidente Johnson y/o Nixon), provocó que la sociedad y el Congreso de EU ataran las manos de la presidencia aprobando una ley que demandaba que el presidente declarase formalmente la guerra antes de usar los recursos del país, teniendo sólo la oportunidad de utilizarlos por un periodo de tiempo de 60 días prorrogables a 90 sin una autorización del Congreso. Para poder usarlos por más tiempo se requería la declaración de guerra formal con una aprobación mayoritaria de ambas cámaras.

En la actualidad, ante los problemas bélicos que se suscitan en Irán, y frente a las grandes divisiones políticas existentes entre la presidencia y el poder legislativo en EU, la líder de la cámara de representes, Nancy Pelosi, sometió a aprobación una resolución para especificar que el presidente Trump sólo tendrá 30 días para usar los recursos bélicos sin una declaración de guerra oficial. En la aprobación del T-MEC, Trump obtuvo un impresionante respaldo de 385 votos con sólo 41 en la cámara de representantes, lo cual significa un apoyo a su política comercial. La información disponible al momento de escribir estas líneas muestra que el congreso decidió limitar los poderes del ejecutivo para declarar la guerra a Irán. Aunque el riesgo de un conflicto global no se ha conjurado, es altamente probable que Trump no tenga tanto margen de maniobra para ser él quien la inicie.

Profesores de Tiempo Completo del Centro Universitario UAEM Nezahualcóyotl.

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