En el país existen simultáneamente más de cien sistemas de pensiones. Los más importantes, por su volumen, son las pagadas por el IMSS e ISSSTE, le siguen en volumen de gente con potencial derecho a pensionarse, los sistemas estatales, las fuerzas armadas y de entidades públicas paraestatales. Tan solo de las aquí mencionadas suman casi cuarenta sistemas. Al incorporar los sistemas privados, los otorgados por empresas que otorgan esta prestación como pago por la lealtad a los trabajadores que han laborado en la empresa durante décadas, más las pólizas vendidas por compañías aseguradoras es que se supera el centenar de sistemas.

En cuanto a número de pensionados, no hay punto de comparación entre IMSS más ISSSTE contra el resto de los sistemas. Las reglas para recibir pensión de estos sistemas masivos son claras: cotizar durante un determinado número de años o más y alcanzar cierta edad. En el IMSS el número mínimo de años cotizando para ser sujeto de pensión es de 10 y tener 60 años de edad; esto bajo la Ley del Seguro Social de 1973. Las cosas cambiaron con el sistema basado en afores, donde si bien la edad se conserva, el número de semanas se incrementó hasta llegar a 20 años. Actualmente hay una generación en transición de 15 a 20 años, pero pronto el requisito será de este último año.

Hay mucha literatura y estudios sobre los sistemas pensionarios. En todos los casos se reconoce la etapa de acumulación y la etapa de retiro. La primera es cuando se cotiza y parte del sueldo se destina a una bolsa que servirá para pagar la pensión en la etapa de retiro. El sistema previo a 1997 implicaba una bolsa donde todos los trabajadores aportaban y cuyos fondos comunes eran utilizados para pagar las pensiones de los retirados. En el sistema posterior a 1997 cada trabajador ahorra en una cuenta a su nombre y los fondos acumulados sirven para pagarse a sí mismo su pensión.

La mayoría de las veces los fondos ahorrados no son suficientes para pagar la pensión y debe entrar en escena el instituto responsable de pagar las pensiones, como el IMSS o el ISSSTE. Este desbalance entre lo ahorrado y lo pagado en materia de pensiones está provocando serios problemas en los sistemas de pensiones. En el caso de los Estados, el problema ya es serio, como en Zacatecas o Estado de México. No resolver este problema pronto pondrá en riesgo a los dos institutos federales más grandes.

En el contexto anterior es que existen pensiones doradas. Generalmente están reguladas. Son legales. Pero el monto recibido por la pensión no necesariamente guarda correspondencia con la pensión recibida. En términos generales, la suma de las aportaciones del trabajador, más la de la institución en su papel de patrón, más la cuota del Gobierno Federal, si aplica, más los intereses generados debería igualar al valor esperado de los pagos por concepto de pensión. En otras palabras:

Ahorros más intereses = retiros más intereses

La ecuación anterior, simplificada al extremo, es lo que se denomina un sistema pensionario actuarialmente justo. El gran problema de las pensiones doradas es que no lo son. En algunos casos sonados públicamente, el periodo de tiempo cotizado es de apenas unos meses o, en el mejor de los casos, unos años, pero la pensión recibida es por décadas y los montos pagados son de auténtico escándalo.

Así mientras millones de pensionados sobreviven con pensiones muchas veces inferiores al salario mínimo, unos cuantos reciben una pensión escandalosamente alta. El principal problema, desde la perspectiva planteada, es la falta de correspondencia entre los montos ahorrados contra los montos recibidos.

Las pensiones doradas pueden ser legales. Es muy probable que lo sean. Pero son inmorales y perpetran la desigualdad económica durante la vejez. Aquellos que aspiramos a tener una pensión decorosa durante la vejez podemos hacer algo: incrementar las aportaciones mientras estamos trabajando y cotizar durante más años. Así, la pensión podría ser incluso mayor que el sueldo neto recibido durante la etapa de ahorro.

Esta administración puso el dedo sobre la llaga. Los beneficiarios de estas pensiones muy probablemente se ampararán. Pero los que vienen detrás de ellos se pueden ir olvidando de las pensiones doradas.

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM

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