El cambio tecnológico es una constante desde que la humanidad se levantó del resto de los seres vivos. Desde que se controló el fuego, pasando por la invención de la rueda, la conquista de los mares, y la revolución industrial, la tecnología ha estado con nosotros. Nos hace humanos. Pero siempre ha venido acompañada de riesgos y problemas. El mito de Prometeo, que robó el fuego a los dioses del Olimpo para entregarlo a los humanos y posteriormente fue castigado por dicha acción, nos muestra que la tecnología tiene su parte sombra.

Contemporáneamente hay, por los menos, dos vertientes que internacionalmente están llamando la atención: el cobro a las redes sociales por difundir noticias de medios de comunicación y la uberización del trabajo.

A finales de la década de los noventa, cuando la internet se empezaba a globalizar, y con ello a reducir el tamaño del mundo, los correos electrónicos fueron sustituyendo la correspondencia tradicional. Los carteros simplemente veían que cada vez había menos trabajo y el oficio cayó en crisis. Incluso hubo intentos por cobrar un impuesto por cada correo electrónico enviado para pagarle el sueldo de los trabajadores del servicio postal.

Contemporáneamente, en varios lugares los taxistas se han manifestado en contra del servicio de transporte a través de plataformas digitales tipo uber. No obstante, son pocos lugares de México y del mundo donde no se ha permitido la llegada de este servicio; dicho sea de paso, en Cancún Quintana Roo, donde un poderoso sindicato de taxistas cobra sumas escandalosas por las licencias de taxi reflejadas en las elevadas tarifas de transporte, tanto para turista como para la población en general. Pero no hay marcha atrás. Aunque algunos piensen que con el actual Gobierno en México se pretende volver al pasado, esa es una falacia: la Historia no da pasos hacia atrás. Por lo tanto, el transporte tendrá que reinventarse, pues el cambio tecnológico extinguirá a los taxis tradicionales.

En Australia se pretende que las redes sociales, como Facebook, paguen a los medios de comunicación por la difusión de sus noticias. El ejemplo es muy semejante a lo ocurrido con los carteros descrito previamente, al igual que con ellos, los medios de comunicación tendrán que reinventarse, realizar alianzas estratégicas con los diversos medios digitales, crear sus propias redes, diseñar nuevos modelos de negocios o desaparecerán. No hay alternativa: adaptarse o morir. Las redes sociales, ante la disyuntiva, podrían crear sus propios medios de difusión de noticias, lo que aceleraría la muerte del periodismo tradicional.

El cambio tecnológico, por otra parte, al crear plataformas tipo uber ha encontrado un nuevo nicho de lo que no puede menos que llamarse explotación laboral: hacen que los choferes se asocien a la empresa poniendo trabajo y capital físico, la empresa otorga el capital tecnológico, es decir, la plataforma. De este modo consigue que quienes adquieren su diario sustento por este medio no tengan seguridad social ni prestaciones de ningún tipo. Hasta ahora. Recientemente en Reino Unido la corte declaró que quienes viven de dichas plataformas deben considerarse como trabajadores asalariados. No ocurrió así en California hace algunos meses, pero las cosas empiezan a cambiar. En México debemos tener esa discusión, misma que generará problemas, eso ya lo estamos viendo con el intento por acabar con el outsourcing, pero es un tema que inevitablemente se debe discutir y legislar.

No todo es negro por la pandemia que estamos viviendo. El mundo entero se ha visto obligado a sumergirse en el mundo de la tecnología, esto está provocando que la forma en que laboramos esté cambiando a pasos agigantados. Cuando el confinamiento acabe, la forma en que trabajamos será distinta y la humanidad entera habrá reducido el analfabetismo tecnológico, adelantandose al menos 10 años en el transcurso natural del aprendizaje. Esto podría ayudarnos a combatir problemas fuertes como el calentamiento global y a generar crecimiento económico amistoso con el medio ambiente.

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