La política salarial de la 4T

Darío Ibarra

Es un hecho que a partir de enero del próximo año tendremos un nuevo incremento en el salario mínimo. Esto no es nuevo: desde 2019, ya con el actual Gobierno, autodenominado 4T, se ha venido incrementando el salario mínimo de manera continua y a tasas no observadas en décadas. Diversas voces se han alzado, particularmente en redes sociales, donde se han dado tanto condenas como aplausos a los incrementos en este indicador económico. La mejor forma de analizar la política salarial es con datos “duros” que son observados en la vida real y son consecuencia de las políticas económicas seguidas por los Gobiernos en turno. Así, conviene analizar dos variables: la del salario mínimo y la de los cotizantes ante el IMSS y su remuneración promedio. En ambos casos conviene hacerlo tanto en términos nominales como descontando el efecto de la inflación.

El salario mínimo real, es decir descontando el efecto inflacionario, tuvo su mejor momento en la década de los setenta, su nivel máximo se alcanzó en enero de 1977 y de ahí en adelante decreció hasta el año 2000, a partir de ahí se mantuvo aproximadamente estable hasta que llegó el Gobierno actual: a partir de 2019 el salario mínimo tuvo importantes incrementos que le han permitido recuperarse. Sin embargo, no se ha llegado a los niveles de 1977. De hecho, para lograrlo se tendría más que duplicar para alcanzar dichos niveles. La gráfica adjunta da cuenta de ello.

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Es muy común creer que el salario mínimo tiene poco impacto en la economía porque pocas personas lo perciben. En realidad, no es así. En el sector formal de la economía los registros de los trabajadores que cotizan ante el IMSS se realizan en unidades del salario mínimo: cuándo éste ha subido, también ha provocado que el salario promedio de los cotizantes ante el instituto también crezca. Por lo tanto, el alza en el salario mínimo ha provocado que los trabajadores del sector formal de la economía tengan una mejoría real.

En la gráfica siguiente se redujo el horizonte de tiempo: se presentan tanto a cotizantes como su sueldo promedio. La gráfica muestra que en noviembre no sólo se alcanzó el nivel pre pandemia, sino que el sueldo promedio, si bien presenta una danza de altibajos, a partir de 2019 muestra una tendencia creciente. Definitivamente tenemos elementos para decir que hay recuperación salarial. De ningún modo hemos llegado a los niveles de la década de los setenta y pasarán varios años antes de lograrlo y eso si nuevos Gobiernos no rompen esta inercia.

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En resumen, en materia de recuperación salarial, se tiene evidencia que indica que está ocurriendo y que se está revirtiendo el efecto de décadas de contención salarial. Definitivamente la política en esta materia de Gobiernos previos fue de empobrecimiento de la clase trabajadora.

Una de las controversias se centra en el efecto del incremento en el salario mínimo y tanto inflación como desempeño económico, concretamente en el Producto Interno Bruto. Esto lo analizaremos en una entrega posterior.

 

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM y UDLAP Jenkins Graduate School.

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