La era del dinero electrónico

Darío Ibarra

La frase “el dinero no crece en los árboles” no es universalmente válida, por lo menos no en nuestro país, donde en tiempos prehispánicos se utilizó el cacao como moneda de cambio en la economía. El dinero ha tenido muchas transformaciones desde su aparición hasta la actualidad: desde el uso de piedras, conchas marinas, monedas metálicas, papel moneda, dinero plástico y, contemporáneamente, el dinero virtual. Entre estos últimos el más popular es el Bitcoin, pero no es el único. Después de su creación han surgido otras monedas virtuales que rivalizan con monedas oficiales y con instrumentos de inversión formales. Algunos aspiran a enriquecerse comprando algunas de estas monedas, pero lo cierto es que no existe ninguna garantía de que vayan a incrementar su valor, por lo tanto, se debe ser cauteloso al momento de utilizarlas como instrumento de inversión.

Intercambiar dinero nacional por monedas de otro país en ánimo de generar alguna ganancia las más de las veces es un acto meramente especulativo. Abrir una cuenta en otra moneda, por ejemplo, en dólares norteamericanos, implica cambiar nuestros pesos por el billete verde. Es decir, es un proceso de compra de dólares. La expectativa de quien lo hace es que, con el paso del tiempo, se seguirán pagando al menos los mismos pesos por dólar o, de preferencia, una cantidad mayor. Pero los mercados no tienen palabra. No hay garantía de que el valor de dólar se vaya a incrementar o a reducir. Sin embargo, siguiendo la trayectoria de largo plazo, digamos cinco años, es altamente probable que se tengan que dar más pesos a cambio de cada dólar. En estos términos, habría alguna ganancia para quien apostó al dólar. Pero podrían existir otros instrumentos más rentables y menos riesgosos.

Las monedas virtuales existen formalmente desde 2009. Por lo menos las que nos sirven para comprar bienes y servicios en la vida real. Han aparecido otras monedas virtuales, pero pertenecen al mundo de los videojuegos o de juegos virtuales, que sin embargo, ocasionalmente pueden traducirse en dinero duro como el que se utiliza en la vida real. El Bitcoin no fue del todo aceptado en el mundo hasta que ocurrió un accidente: el Gobierno de los Estados Unidos prohibió a las empresas financieras formales el recibir dinero para apoyar a la fundación wikileaks, sin embargo, el Bitcoin ya existía y no tenía dicha prohibición, por lo tanto, fue el medio de pago utilizado por diversas personas en el mundo que apoyaron a dicha fundación. Este fue el despegue de esta moneda virtual y el punto de partida de muchas otras que se han creado desde entonces.

Algunas personas han apostado a la compra de estas monedas en ánimo de obtener alguna ganancia. En ocasiones se han generado ganancias: cuando se compra a un precio y luego sube. Pero también se han generado pérdidas: cuando se compra a algún precio y luego baja. En definitiva adquirir estas monedas hace que los que se dicen inversionistas, no sean más que apostadores o especuladores. No existe nada que soporte a estas monedas más que la creencia generalizada de que no perderán valor. Al respecto no hay gran diferencia con el dinero que contemporáneamente circula en el mundo: funciona como tal porque la población lo acepta, pues realmente no existe algo que soporte a los pesos, a los dólares o a cualquier otra moneda. En tiempos del llamado patrón oro, cada unidad monetaria estaba respaldado por cierto gramaje de oro. Esos tiempos quedaron en el olvido.

En todo caso, las monedas nacionales por lo menos tienen la ventaja de ser emitidos por una autoridad monetaria reconocida por los Gobiernos y por la población. En nuestro país, se trata del Banco de México. Algunos países han cedido su soberanía monetaria para utilizar otras monedas, como el dólar norteamericano, pero aún así, esto es reconocido y aceptado por la población, por lo que el dólar puede utilizarse como dinero de uso corriente.

Las monedas virtuales no son sino un paso más en la evolución del dinero. Desde las piedras, conchas, metales y papel moneda hasta el dinero del ciberespacio. Pero se encuentra en proceso de desarrollo y evolución. Pasarán todavía muchos años antes de que sea totalmente reconocido y que las propias autoridades monetarias y gubernamentales del mundo lo acepten. De hecho, es altamente probable que el ciber dinero pronto tenga como competencia al dinero virtual creado por las propias autoridades monetarias de cada país. Entonces dejará de ser un bien en el que se pueda apostar, aunque muy probablemente surgirán otros instrumentos para especular. Por lo pronto, aquellos que deseen invertir en dinero digital deben asumir el riesgo de perder la totalidad de su inversión.

 

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón, UNAM.
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