Cuando el 1 de diciembre de 2018 Andrés Manuel López Obrador juró como presidente de la República, observadores nacionales e internacionales anticipaban el inicio una época de inevitables choques de la nueva administración con el gobierno de Donald Trump , al tiempo que se mostraban escépticos de las posibilidades de lograr la ratificación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá ( T-MEC ).
Los pronósticos más pesimistas que persistieron durante los meses subsecuentes auguraban que factores internos en Estados Unidos harían imposible que el T-MEC pudiera ser ratificado antes de 2021 y alertaban que incluso se corría el riesgo de que el acuerdo nunca entrara en operación.
Diecinueve meses después, el 1 de julio de 2020, el T-MEC ha entrado en vigor y, a pesar de las visiones diferentes sobre desarrollo, los gobiernos de México y Estados Unidos mantienen una relación de estrecha colaboración y respeto mutuo, indispensable para la salvaguarda de los intereses nacionales. La buena relación con el mayor socio comercial y hogar de la mayor diáspora mexicana no es casual. Es fruto de la estrategia trazada por el presidente López Obrador y operada por la Cancillería mexicana al mando de Marcelo Ebrard .

Es bajo esa misma noción de defensa del interés nacional que México propuso celebrar una reunión al más alto nivel, que se materializará en un encuentro bilateral México-Estados Unidos a celebrarse este miércoles en Washington , a fin de marcar el inicio de la entrada en vigor del referido T-MEC y mostrar el compromiso de Norteamérica con el comercio, la inversión y el bienestar.
Para la parte mexicana, dos son los principales elementos que animan la visita a Washington. El primero es consolidar, promover y expandir los beneficios del T-MEC, pilar del comercio trilateral del que dependen millones de empleos y el sustento de decenas de millones de personas.
No olvidemos que, a nivel bilateral, en 2019 México y Estados Unidos se consolidaron como el mayor socio comercial el uno del otro y que cada día el comercio bilateral supera los mil 600 millones de dólares.
El segundo es mantener y estrechar la cooperación para hacer frente a la p andemia de COVID-19 . Gracias a esa buena cooperación, México ha podido tener acceso preferencial a suministros médicos, notable pero no únicamente a ventiladores mecánicos, indispensables para la atención de los pacientes más graves pero un insumo escaso, caro y de difícil adquisición en mercados internacionales.
Por tales razones, no es de sorprender que mayorías sólidas de mexicanos respalden la visita presidencial a Washington y vean benéfica la entrada en vigor del T-MEC, según demuestran encuestas recientes. Tampoco es sorprendente que, como en cualquier democracia, algunas voces cuestionen la oportunidad de la visita, en esta ocasión bajo el argumento que debido al proceso político que tendrá lugar en Estados Unidos más adelante en el año, es mejor resguardarse y esperar.
El momento para actuar es ahora y no en seis meses o un año. Como prácticamente todas las naciones del mundo, México enfrenta hoy una emergencia sanitaria a causa de la pandemia y atraviesa por una crisis económica derivada de ésta. Para hacerles frente, mal haría en no aprovechar un instrumento único como el T-MEC, así como el diálogo político al más alto nivel para garantizar la cooperación en materia de salud.
En las épocas más difíciles, es cuando se requieren mayores puentes. El Gobierno de México es ajeno y absolutamente respetuoso de los asuntos políticos internos de otros países, incluyendo los de Estados Unidos. Es de gobierno a gobierno, que México acude a la cita en Washington, con total decoro y dignidad, para promover y defender sus intereses y el bienestar de los mexicanos.