En diciembre de 2019 el mundo producía 100 millones de barriles de petróleo cada día, se proyectaba que la demanda continuaría creciendo. Sin embargo, el año nuevo recibió al Covid-19 que nos obligó a “quedarnos en casa” y modificar nuestros hábitos. Esto se ha traducido en una reducción del consumo general y de petróleo a nivel mundial.

Al momento de escribir este artículo, el precio del petróleo mexicano que se vendió en las costas del golfo en Estados Unidos era: Maya -1.186, Istmo -0.882 y Olmeca 6.102 USD/barril. Sí, leyó usted bien, dos de los tres tipos del petróleo que componen la canasta mexicana eran negativos. Y el costo de producción de 14 USD/barril.

Podríamos decir que la caída del precio del petróleo se debe a una disminución del consumo y el exceso de oferta a nivel mundial. Queda claro que la reducción del consumo se atribuye al llamado “QUÉDATE EN CASA” pero ¿a qué se debe el exceso de oferta? Para contestar esta pregunta necesitamos una comparación operativa. La perforación de nuevos pozos se hace con base a las estimaciones del crecimiento de demanda, se planean meses anteriores a su construcción, son costosos, una vez puestos en marcha es relativamente sencillo abrir y cerrar la válvula.

En cambio, los campos maduros, aquellos que tienen muchos años de producción, si se cierran, se corre el riesgo de que se pierda la presión y al momento de abrirlo nuevamente se tenga que usar técnicas de recuperación secundaria o mejorada que básicamente es inyectar agua, gas, CO2 o N2 para extraer el hidrocarburo, se vuelve económicamente inviable cerrar la válvula. Imagine usted un refresco que compró hoy: si abre y cierra la botella durante el mismo día, saldrá el gas fácilmente. Ahora piense en un refresco que deja abierto durante mucho tiempo, después lo cierra y vuelve a abrir. Usted ya sabe el resultado.

El mundo petrolero tiene el margen de maniobra para reducir su producción en los pozos nuevos. El exceso de hidrocarburos se manda a los inventarios que cada día reciben más y más, cuando ya no hay lugar donde guardarlo se vuelve un problema y es ahí cuando el precio es negativo. Los impactos para las economías son diferenciados, para los importadores netos de petróleo, verán ventajas económicas al comprar petróleo y sus derivados como la gasolina más baratos. Para los países exportadores como México donde la venta de petróleo representa el 17 % de los ingresos del gobierno, el flujo de ingresos se reducirá de 987 mmp a 573 mmp. Sí un -42%.

Es difícil especular sobre el precio del petróleo en el corto plazo, se espera que después de la crisis sanitaria volverá a una senda de precios entre los 40 y 60 USD/barril. Mientras tanto, con el precio actual, el costo económico de Pemex pasará de 1.5 % a 2 ó 2.5 % del PIB, aunado a las perspectivas negativas de crecimiento económico del país de -4 al -8% para el 2020. Se estima que una vez superada la crisis sanitaria el crecimiento será menor de 2 %.

La crisis sanitaria, económica, energética y ambiental que vivimos es inédita con grandes retos: en el corto plazo hacer frente a la crisis de salud. En un segundo momento, implementar mecanismos económicos para hacer frente a la crisis económica. Posteriormente el relanzamiento de la economía. Para la sociedad también implicará desafíos, hasta ahora van cuarenta días en los que hemos modificado los hábitos de consumo ¿al terminar el encierro veremos un consumo desmedido con o sin crédito? ¿volveremos a tener el mismo estilo de vida? Un reto para los tomadores de decisiones ¿podremos migrar hacia sistemas energéticos menos dependientes del petróleo? es para la salud de las finanzas públicas, pero también para la salud del planeta.



Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM e integrante del CACEPS.
caceps@gmail.com

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