Hace unos días se publicó el Reporte Mundial de la Felicidad 2026, un informe que mide cómo las personas evalúan su vida más allá del estado de ánimo. En esta edición, México se ubicó en el lugar 12 de 147 países, con niveles de bienestar similares a los de Nueva Zelanda, Irlanda y Bélgica, e incluso por encima de otras economías desarrolladas. Lo más relevante es que este resultado se ha mantenido relativamente estable en los últimos años.
La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que un país donde persisten la desigualdad, la violencia y la pobreza se mantenga entre los niveles más altos de felicidad a nivel global? La respuesta no es sencilla, pero empieza por entender qué se está midiendo.
A nivel internacional, la felicidad no se reduce a una emoción momentánea, sino a la forma en que las personas evalúan su vida en su conjunto. Para ello se utiliza la llamada Escalera de Cantril, que pide a las personas ubicarse en un peldaño del 0 al 10, donde cero representa la peor vida posible y diez la mejor. Esta medición captura una valoración más estable, que combina condiciones materiales y experiencias cotidianas.
El informe incorpora además un modelo estadístico que explica las diferencias entre países a partir de seis variables: ingreso per cápita, esperanza de vida saludable, apoyo social, libertad para tomar decisiones, generosidad y percepción de corrupción. En conjunto, estos factores explican más de tres cuartas partes de la variación en los niveles de bienestar a nivel global, aunque no determinan por sí mismos la felicidad.
Y es precisamente en ese matiz donde México se vuelve un caso revelador. No todas las sociedades ponderan de la misma manera estos factores, y en el caso mexicano el apoyo social —la posibilidad de contar con alguien en momentos difíciles— tiene un peso particularmente alto. Las redes familiares, la cercanía comunitaria y los vínculos cotidianos siguen siendo centrales en la forma en que las personas evalúan su vida.
Cada edición del informe incorpora un tema específico. En 2026, el foco está en el impacto de las redes sociales —o, puntualmente, de las plataformas digitales— sobre la felicidad, la salud mental y el bienestar subjetivo. En términos generales, la evidencia muestra que un uso intensivo de estas plataformas se asocia con menor satisfacción con la vida y mayores niveles de ansiedad, depresión e incluso aislamiento, especialmente entre jóvenes.
Sin embargo, América Latina —y particularmente México— introduce un matiz relevante. No todas las plataformas tienen el mismo efecto. En el caso mexicano, aplicaciones como WhatsApp y Facebook, centradas en la interacción con redes cercanas, se asocian con mayor satisfacción con la vida, mejor evaluación de la vida y un mejor estado de ánimo. En contraste, plataformas como TikTok, Instagram o X, basadas en el consumo de contenido mediado por algoritmos, se asocian con menores niveles de felicidad, estados de ánimo más negativos y problemas de salud mental.
Esto sugiere que el problema no son las redes sociales en sí mismas, sino cuáles usamos y cómo las usamos. Mientras unas fortalecen vínculos sociales, otras fomentan la comparación constante, el consumo pasivo y la exposición a contenidos emocionalmente intensos.
Pero hay una idea que no debemos perder de vista: las redes sociales no crean una realidad distinta, sino que reflejan y amplifican la que ya existe. Y eso nos devuelve al punto inicial. México no es necesariamente un país con las mejores condiciones materiales, pero sí uno donde los vínculos sociales siguen teniendo un peso decisivo en la forma en que las personas evalúan su vida.
La principal aportación del informe no es decirnos si somos felices o no, sino recordarnos que el bienestar no se explica solo por el ingreso, ni se resuelve desconectándonos del mundo digital. Se construye, sobre todo, en la calidad de nuestras relaciones, dentro y fuera de la pantalla.
Porque al final, la medida de la felicidad no solo está en los indicadores, sino en la forma en que una sociedad decide acompañarse —o abandonarse— a sí misma.
X: @DafneGis
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