Que una institución del Estado mexicano cumpla cincuenta años no es poca cosa. En un país donde las instituciones deben demostrar constantemente su capacidad para responder a las necesidades de la ciudadanía, la permanencia y consolidación institucional constituyen un logro que merece reconocerse. Menos aún cuando se trata de una oficina cuyo trabajo rara vez produce estridencia o acapara los reflectores de las primeras planas. Ese es el caso de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco). Su presencia constante y acción firme han acompañado durante medio siglo la vida cotidiana de millones de personas en todo el país, con efectos muy concretos en la economía familiar de México.

El 26 de febrero tuve la oportunidad de asistir al Complejo Cultural Los Pinos a la ceremonia de develación de la placa conmemorativa por los 50 años de la Procuraduría Federal del Consumidor. El evento fue encabezado por Iván Escalante, actual titular de la institución, y reunió a diversas autoridades, especialistas y representantes de organismos vinculados con la defensa de las personas consumidoras. Aprovecho este espacio para expresar mi reconocimiento y agradecimiento al Procurador Iván Escalante y a todo su equipo por el extraordinario trabajo que han realizado al frente de la Profeco, con resultados que han fortalecido la defensa de los derechos de las personas consumidoras en todo el país.

Durante la ceremonia, volvieron inevitablemente los recuerdos de otra época. Muchos rememoramos la publicidad que acompañó los primeros años de la Procuraduría y que quedó grabada en la memoria de generaciones enteras. Y ocurrió algo curioso. En medio de las conversaciones, alguien comenzó a decir el número telefónico de la institución y varios lo seguimos casi de manera automática: 568-8722. Lo coreamos con la característica tonada que quienes crecieron escuchando esas campañas reconocerán inmediatamente al leer las cifras.

Aquellas campañas que invitaban a comparar precios, revisar etiquetas o ejercer nuestros derechos formaron parte de la educación cívica cotidiana de millones de mexicanos. También volvió a aparecer una de las frases más recordadas de esa pedagogía pública del consumo responsable: “regalo afecto, no lo compre”. Ese ejercicio de memoria colectiva invita a mirar hacia atrás con orgullo y hacia adelante con perspectiva. Conviene recordar cuándo se fundó la Profeco y con qué propósito.

La institución tiene su origen en la Ley Federal de Protección al Consumidor, promulgada el 22 de diciembre de 1975, y comenzó formalmente sus funciones el 5 de febrero de 1976. La historia de la Profeco es, en esencia, la historia de una convicción pública que marcó un antes y un después en la vida económica del país: la convicción de que el mercado, por sí solo, no corrige sus abusos y de que el Estado tiene la responsabilidad de colocarse del lado de quienes, en la relación de consumo, se encuentran en una posición más vulnerable.

México se convirtió entonces en el primer país de América Latina en crear una procuraduría especializada en la defensa del consumidor y en el segundo en el mundo en contar con una legislación específica destinada a proteger a las personas consumidoras. Aquella decisión institucional abrió el camino para construir, durante cinco décadas, una de las políticas públicas más importantes para la protección de la economía familiar.

Pero la conmemoración del aniversario de la Profeco debe trascender la nostalgia. La Procuraduría es mucho más que una simple ventanilla de quejas. Se trata de una institución robusta, con presencia nacional consolidada, que informa, previene, compara, verifica, concilia y, cuando es necesario, sanciona.

Es preciso reconocer, en voz alta y de pie, los logros que ha tenido, y sigue teniendo, la Procuraduría. Cada año, la Profeco atiende alrededor de 100,000 quejas y conciliaciones, de las cuales cerca del 80 % se resuelven por conciliación, sin necesidad de escalar a instancias contenciosas desgastantes y tardadas. Esta efectividad se refleja en resultados que tienen consecuencias directas en la vida cotidiana de las personas. Tan sólo durante el Buen Fin de 2025, la Profeco logró recuperar más de 1,885,000 pesos para personas consumidoras afectadas. Estas cifras dan cuenta de la eficacia institucional de la Profeco y muestran hasta qué punto el compromiso del Estado mexicano con la defensa de la economía familiar se traduce en acciones tangibles que benefician diariamente a los bolsillos de millones de personas consumidoras.

Más allá de los datos duros, conviene mencionar un hito reciente que también merecen destacarse. Hablo, por supuesto, del regreso, en formato impreso, de la legendaria Revista del Consumidor. Durante décadas, esta publicación ha sido una herramienta fundamental de información para la ciudadanía, a través de comparativos de productos, análisis de precios y orientación clara para tomar decisiones de consumo informadas. Su regreso al formato impreso recupera una tradición institucional profundamente valorada por las personas consumidoras y reafirma el compromiso del Estado con la construcción de una cultura de consumo responsable en México.

A medio siglo de su creación, quizá la mejor manera de leer su legado es a través de su resiliencia institucional y de la vigencia de su mandato. La Profeco ha atravesado transformaciones profundas en la economía nacional y global, desde las aperturas comerciales y las crisis financieras hasta los cambios en los patrones de consumo y la digitalización masiva de los mercados, y lo ha hecho porque la razón que justifica su existencia permanece intacta. Mientras persistan relaciones de consumo desiguales, seguirá siendo necesaria una institución capaz de ofrecer información clara donde antes predominaba la opacidad, de fortalecer la capacidad de decisión de las personas consumidoras frente al abuso comercial y de hacer presente al Estado en espacios donde, de otro modo, sólo operaría la lógica del mercado.

Por eso celebrar a la Profeco es reconocer la relevancia de una institución fundamental para la vida democrática del país y para la defensa de la economía popular en México. Desde el Senado de la República, y en mi calidad de presidenta de la Comisión de Defensa del Consumidor y orgullosa representante del Consejo Consultivo del Consumo, seguiré impulsando el fortalecimiento de las garantías que protegen a las personas consumidoras, en estrecha colaboración con la Profeco y sus 38 Oficinas de Defensa del Consumidor, para que sus derechos se respeten en todo momento y en todo lugar.

Desde el escaño: La próxima semana, la presidenta Claudia Sheinbaum enviará al Congreso de la Unión el “Plan B” de la reforma electoral, el cual contará con todo nuestro respaldo desde el Senado de la República. Tanto el Partido Verde como el Partido del Trabajo han expresado ya su apoyo a la reforma, así que se augura una aprobación por amplia mayoría. Nos leemos pronto.

Senadora de la República Siempre atenta a un comentario @cynthialopezc1

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