Hace un par de semanas la gente que trabaja en el Colegio de las Vizcaínas presumió su cruzada educativa en la televisión pública. Esto no tendría mayor trascendencia, de no ser porque el Vizcaínas no es una escuela como la mayoría; al margen de que tiene el apoyo de un patronato y que ofrece muchas becas, su inmueble tiene un indudable valor histórico y piezas de arte necesarias para entender el pasado novohispano. Esto debería valer para justificar un predominante valor de las asignaturas artísticas. Pero, nos cuentan, mientras en la escuela se cuelgan medallas durante las entrevistas, el personal que trabaja allí sabe que las cosas no son tan buenas: desde una estructura laboral que rota de forma constante hasta una nueva dirección que parece desconocer la misión educativa y que, lo más grave, planea a todas luces ir relegando las asignaturas centradas en el arte. Será que el Colegio, en el fondo, no sabe cómo hacerle honor a su pasado histórico?
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Las pancartas en Bellas Artes
Aunque el viernes pasado Pedro Fuentes Burgos, subdirector general de Administración del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), se reunió con los sindicatos que protestaron por el adeudo de salarios y la estructura escalafonaria con la toma del Palacio de Bellas Artes, nos cuentan que, en la tarde de ese día, aún se veían pancartas al interior del museo más icónico de México con leyendas como “Basta de utilizar los recursos del gobierno en otros servicios” y “Transparencia en el escalafón”.
Un indicio, en definitiva, de que para algunos la reunión no cubrió las expectativas. Dicen las lenguas más ácidas que, más allá de que al INBAL tiro por viaje se le desatan las protestas (si no son los estudiantes de las escuelas de arte son los trabajadores), los que disfrutaron ese día de la oferta cultural del Palacio pensaron que Alejandra de la Paz por fin estaba desquitando su salario, al confundir las pancartas de protesta con una instalación que habría hecho palidecer de envidia al mismísimo Gabriel Orozco.
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