La publicación de las convocatorias a los Premios Bellas Artes de Literatura 2026 llega con una noticia buena y otra pésima y descabellada... La buena es que ya no aparece la carta de sanidad moral y cláusulas afines que tantas olas levantaron, particularmente en la convocatoria del Premio Aguascalientes. Al parecer, ya no quedan rastros de requisitos violatorios de la presunción de inocencia y derechos constitucionales básicos a nombre de las buenas conciencias. La mala noticia es que en esta nueva tanda de convocatorias hay otras cláusulas por las que la comunidad literaria pronto pedirá explicaciones: en el apartado noveno del Premio Xavier Villaurrutia se explica que debe firmarse una carta de autorización de Derechos de Autor con la que “se otorga a título gratuito el permiso a las instituciones convocantes para realizar la reproducción de la obra en cualquier soporte y medio, con el único y exclusivo propósito de promoción y difusión de la cultura y que no se persiga ningún fin comercial, sin que ello implique la transmisión de derechos patrimoniales”. Lo mismo pasa con otros premios de obra publicada, como el de traducción Margarita Michelena y el Colima de Narrativa. ¿Cuáles son los límites al despojar al galardonado de fines comerciales? Porque muchas veces el ganador proviene de grandes sellos. ¿Quién habrá redactado las convocatorias?, ¿un becario o alguien muy malicioso que quiere acotar las posibilidades de los ganadores...? Poco faltó para que dijeran que esto sí representa la transmisión de derechos patrimoniales. Este es el primer numerito al que tendrá que enfrentarse Minerva Reynosa Álvarez, que hoy asume como coordinadora nacional de Literatura, parte del tiradero que le heredó Nadia López antes de irse a reemplazar a Marx Arriaga en la SEP... (Escribanos a columnacrimenycastigo@gmail.com)

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