La mañana del 10 de noviembre del 2025 los arqueólogos Sergio Gómez, Jaime Garduño y Jesús E. Sánchez ingresaron al Parque de la Memoria Báalam Tun, en Quintana Roo, e hicieron uno de los descubrimientos más ingratos de sus vidas: los vestigios de uno de los más grandes fraudes de la arqueología contemporánea en México. Hallaron 47 estructuras construidas con materiales prehispánicos reciclados para las fachadas, con núcleos y cimientos hechos de materiales no arqueológicos. Un parque temático con fines turísticos construido con mano de obra de militares a falta de personal especializado en restauración, y todo presuntamente supervisado por funcionarios del INAH… En esta sección hemos documentado la cuestionable reconstrucción de monumentos prehispánicos, siempre negada por la dirección del INAH. Tal como ocurrió en el parque Báalam Tun, esta sección registró los trabajos militares de “reconstrucción” de Los Monjes, también “reubicado” en un parque en Xpujil, Campeche. Manuel Pérez Rivas, coordinador de Salvamento Arqueológico del INAH, alegó que esos trabajos seguían todos los protocolos de conservación, como en Europa se siguieron después de la Segunda Guerra Mundial para reconstruir edificios históricos. Más o menos eso es lo que Pérez Rivas respondió a la comisión de colegas que visitaron el Parque de la Memoria Báalam Tun, pero, como se dice, entre gitanos no se leen la mano... Los contundentes análisis y conclusiones de los arqueólogos han quedado consignados en un informe que hemos publicado recientemente en el que Pérez Rivas y el Consejo de Arqueología han quedado exhibidos ante la comunidad académica nacional y también ante la opinión pública de México... El ridículo es lo de menos, lo realmente importante son las responsabilidades de diversa índole por haber desmantelado, trasladado y construido “nuevos edificios de apariencia prehispánica” y por haber autorizado obras que mutilaron y desarticularon monumentos prehispánicos, “despojándolos de todo sentido arqueológico”. Además, los arqueólogos documentan serias contradicciones sustentadas en oficios en la información proporcionada por el Consejo de Arqueología, lo que para ellos es “una mentira y mal proceder de los funcionarios públicos responsables del cuidado y protecció́n del patrimonio arqueológico”. Gravísima acusación que, sin duda, debe investigarse… Esta memoriosa sección recuerda que sólo en contadas y muy graves ocasiones, miembros de la comunidad arqueológica del país, tan discreta, institucional y controlada, se han manifestado tan pública y duramente contra agravios al patrimonio cultural del país. Hoy ya no sólo es el arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer, cuyas denuncias provocaron una campaña gubernamental de desprestigio y persecución en toda forma. Ahora se suman los arqueólogos ya mencionados aquí, junto a un grupo de académicos renombrados que suscriben el Informe de la Inspección, y otros que se van sumando, como la prestigiada arqueóloga Sara Ladrón de Guevara, ex rectora de la Universidad Veracruzana y quien recién forma parte de la Junta de Gobierno de la UNAM. Ella, en un programa de radio, comentó: “Durante la Colonia, muchos sitios arqueológicos fueron destruidos, y a menudo las piedras que recubrían las estructuras piramidales fueron usadas para la construcción de edificios, residencias para los españoles, iglesias y catedrales, edificios públicos, erigidos con materiales que otrora fueron la piel de pirámides truncas, desprovistas de su propósito de culto a los ojos de los europeos. En principio esta acción ya está prohibida, nadie puede utilizar materiales arqueológicos para erigir construcciones modernas, bueno, nadie, excepto el Instituto Nacional de Antropología e Historia…” Y concluye: “Resulta aberrante que hoy el INAH avale una acción fallida por parte de algunos de sus trabajadores. Arqueólogos de gran prestigio han salido a denunciar esta aberración, y la institución, el INAH, en lugar de actuar para impedir la continuación de este hecho, hizo un comunicado defendiendo que este parque contaba con todos los permisos. Quienes solicitaron esos permisos y quienes lo otorgaron han deshonrado la esencia del Instituto, esa que significaba proteger el patrimonio, difundir su conocimiento sin falsear construcciones descuidando sus contextos. Es un agravio a los mexicanos, a la nación. Es el inicio de un uso del patrimonio que tira por tierra la ética del trabajo arqueológico, en un país que se preciaba de ser ejemplo en su manejo…” Tremendas reflexiones de la arqueóloga sobre una institución que avaló el proyecto del Tren Maya y su afectación al patrimonio biocultural de México. ¿El INAH responderá como se debe por este desastre arqueológico o sólo repetirá lo que dicten los oráculos de Palenque? Seguiremos informando...
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