Prever el futuro es la razón de la planeación como disciplina intelectual. Desde la Grecia antigua el oráculo de Delfos daba señales sobre el destino de quien lo consultara; las “predicciones” de Nostradamus se siguen hasta la fecha como una guía para anticipar, sobre todo, grandes desgracias; en las religiones monoteístas, existen señales de profetas que anticipan lo que vendrá.

Esteban Figueroa Palacios
Coordinador del Comité de Planeación

En realidad, no puede probarse que tales esfuerzos de predicción sean confiables: en el oráculo de Delfos los sacerdotes que lo administraban engañaban hábilmente, con grandes beneficios para ellos, a los incautos que se acercaban; las “profecías” de Nostradamus están escritas de tal manera que su interpretación puede ajustarse a los hechos ya ocurridos, mientras que las escrituras de profetas se ubican en el terreno de la fe.

La visión del futuro, para que sea un ejercicio riguroso y de utilidad, debe apoyarse en lo conocido hasta ahora, su posible evolución y, sobre todo, en la dinámica de las relaciones sociales y políticas en las diversas culturas del mundo. Es inútil tratar de predecir o prever lo desconocido, como no sea mediante un ejercicio de imaginación, que cae en el terreno de lo artístico (un artista puede imaginar situaciones, formas o eventos nunca vistos, pero esa es la licencia del arte). La visión del futuro tiene utilidad práctica en el campo de los negocios, en el que la innovación o anticipación a la competencia o al mercado puede ser un factor importante para el éxito de una empresa o de un producto.

Para anticipar el futuro, con razonable certidumbre o, al menos, dentro de un margen de incertidumbre que se pueda absorber en la decisión que se tome, deben cumplirse algunas condiciones mínimas: se debe contar con información de punta (el “estado del arte” del área en el que se quiere prever); es indispensable tomar en cuenta las tendencias paralelas y las opuestas al tema que se estudia (quién es competidor y quién se opone a la idea que se desarrolla); cuáles son las fuerzas dominantes en el grupo social cuya evolución se está analizando; y qué tan importantes son las reglas sociales y económicas que condicionan el cambio.

La visión del futuro debe partir de entender la forma en que la estructura social se modificará a sí misma, cómo serán las nuevas relaciones entre sus miembros y con otros grupos sociales y en qué medida mantendrán o modificarán sus valores e intereses. En este aspecto, es más complejo un ejercicio de visión del futuro social que tecnológico.

La capacidad de previsión, que permite visualizar el futuro, da lugar a una disciplina que de manera metódica trata de controlar las fuerzas externas al individuo o grupo social que buscan un ambiente propicio en el futuro. Esta disciplina es la planeación.

La planeación es, entonces, una disciplina que permite prever. Es una actividad intelectual, con orientación al futuro que le obliga a usar métodos prospectivos, no determinísticos, por lo que uno de sus propósitos fundamentales es el manejo de la incertidumbre.

La planeación es, por otra parte, una disciplina prescriptiva, no descriptiva, que trata de identificar acciones, a través de una secuencia sistemática de toma de decisiones, para generar los efectos que se espera de ellas; la descripción de los hechos es, por lo tanto, solo un medio de la Planeación.

Para describir a la planeación deben tomarse en cuenta varios enfoques. La planeación como una actividad humana básica puede definirse como “un proceso intelectual del ser humano basado en la previsión” (Chadwick, 1971). La planeación como un ejercicio de elección racional en el que “...se eligen cursos apropiados de acción, a través de una secuencia de decisiones” (Davidoff y Reiner, 1962).

El problema de esta última definición es que asocia a la planeación sólo con la elección de cursos de acción y no existe vínculo con su puesta en práctica y con los resultados de esas decisiones, que como Savater dice, deben responder a satisfacer necesidades, ofrecer deleites, cumplir compromisos, realizar proyectos que cambien estados indeseables o llevar a cabo experimentos innovadores. La preparación de un plan que no se lleva a la práctica, por lo tanto, no es planeación, sino solamente un ejercicio teórico cuyos resultados nunca podrán probarse. La planeación es indisoluble de la acción, a lo largo de todo el período previsto. Un plan que se abandona antes de completar las acciones que se prescribieron en él, tampoco supone la existencia de la planeación en su sentido estricto.

Para eliminar esa limitación, se considera más adecuado definir a la planeación como “...la habilidad para controlar las consecuencias futuras de las acciones presentes” (Ackoff, 1972). De acuerdo con esta definición la planeación tiene éxito en la medida que mejor permita controlar el mayor número de consecuencias de las acciones emprendidas ahora. El deseo de controlar las consecuencias de las acciones presentes es uno de los propósitos fundamentales de la planeación, en la búsqueda de un futuro diferente respecto al futuro resultante de la inacción.

No se puede evitar relacionar el ejercicio de elección racional de la habilidad para controlar las consecuencias de las acciones elegidas, pues es precisamente esa habilidad la que permite elegir racionalmente. El problema de la planeación no es el de cómo tomar decisiones más racionales, sino el cómo tomar decisiones de mejor calidad, si la calidad se expresa en propiciar que las acciones tengan las consecuencias deseables.

Es difícil definir a la planeación de manera amplia y general. Las definiciones expuestas hasta ahora describen los atributos de la planeación, pero para completar el análisis, puede ayudar reflexionar sobre lo que no es planeación.

La planeación, como disciplina auxiliar de muchas actividades, no es una actividad individual, ya que la hacen grupos de individuos, cuyas prescripciones y acciones afectan a organizaciones o a otros grupos. Aunque la planeación estrictamente individual también existe, las decisiones individuales afectan cada vez más a otras personas, debido al fenómeno de la globalización y a la cada vez mayor posibilidad de interacción de la sociedad, como consecuencia, principalmente, de la notable evolución de las comunicaciones.

La planeación no se orienta al presente y, por lo tanto, no trata de ejecutar en el presente las acciones que deben adoptarse en el futuro, sino que ayuda a decidir los cursos de acción que conducirán al futuro deseable.

No es posible hacer de la planeación una rutina que se pueda repetir en todos los casos. Aunque se aproveche la aplicación limitada del método experimental y el uso de modelos de solución de problemas como herramientas de análisis, la planeación no puede sustentarse, ante casos especiales (que son la regla más que la excepción), en la práctica del ensayo y error.

Finalmente, la planeación no es solo un listado de objetivos deseables para el futuro. “La planeación como la utopía describe futuros ideales, pero, a diferencia de la utopía, especifica los medios para alcanzarlos” (Catanese, 1979).

La planeación, bajo este esquema restrictivo, constituye un ejercicio complejo y difícil de conciliar entre los que participan en él. En esencia la planeación trata de resolver un problema percibido, como la insatisfacción de una necesidad, la pérdida de un satisfactor, el incumplimiento de un compromiso, la modificación de un estado indeseable o la obsolescencia de un sistema. El primer paso para resolver el problema es conocer el problema y en este plano existen distintas visiones, según el individuo afectado, su condición y papel en el sistema en que se halla. Así, el problema en la planeación consiste, en gran medida, en describir el problema. Con mucha frecuencia descubrir o entender el problema descubre también la solución.

- Ackoff, Russell. Un Concepto de planeación de empresas. Ed. Limusa. México, 2012.

- Catanese, Anthony J. y Snyder, J.C. Introduction to Urban Planning. MacGraw Hill. New York, 1979.

- Chadwick, George. A system view of Planning. Oxford Pergamon. London, 1971.

- Davidoff, Paul y Reiner, T.A. “A Choice Theory of Planning”. Journal of the American Institute of Planning, No.28, (May 1962).

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