Ing. Juan Escobedo Vielma

Secretario del Comité de Energía

Colegio de Ingenieros Civiles de México, A. C.

El escenario energético de México continúa teniendo nuevas perspectivas que, aunque las energías renovables están teniendo un auge importante, éstas no cubren el crecimiento de la demanda, siendo el gas natural el principal combustible de la transición energética.

Durante su conferencia matutina del 8 de abril del presente año, la presidenta Claudia Sheinbaum dejó entrever un posible cambio de paradigma que podría redefinir la producción de gas natural y con ello el futuro energético-económico de México al poner sobre la mesa la necesidad de potenciar la producción de gas para reducir la dependencia de los Estados Unidos de América, abriendo la posibilidad de explotar nuestros recursos no convencionales utilizando tecnologías, tal vez no bien conocidas en nuestro entorno social y técnico. El fracking o fracturación hidráulica es una técnica de perforación para extraer gas y petróleo de rocas de baja permeabilidad denominadas esquistos y lutitas en el subsuelo (yacimientos no convencionales). Funciona inyectando volúmenes de agua, arena y químicos a alta presión para fracturar la roca y liberar los hidrocarburos atrapados, mediante pozos verticales y horizontales.

De acuerdo con datos recientes de la Secretaría de Energía (SENER) y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), el consumo nacional de gas natural ronda los 8,800 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd). Sin embargo, la gradual declinación de la producción de nuestros yacimientos convencionales de petróleo y gas asociado, nos han obligado a importar del país vecino del norte entre el 70 y el 75% del gas natural que requiere el desarrollo del país, dejando a nuestra industria y a las centrales termoeléctricas de ciclo combinado destinadas a la generación de energía eléctrica, sumamente vulnerables a la decisión de ese país de entregarnos el gas en cantidad suficiente y también a la volatilidad de los precios externos, con la consiguiente salida de divisas.

Los mexicanos contamos con una gran riqueza disponible en hidrocarburos para su extracción y aprovechamiento. Estimaciones de la Administración de Información Energética de los EE.UU.AA. (EIA, por sus siglas en inglés), en concordancia con la información disponible en la CNH, indican que México posee más de 60 billones de pies cúbicos (TCF) de reservas y recursos prospectivos de gas natural no convencional, alojados principalmente en cuencas estratégicas como Sabinas y Burro-Picachos en Coahuila y Nuevo León, Burgos entre Nuevo León y Tamaulipas y Tampico-Misantla, ubicada en Tamaulipas, Veracruz y San Luis Potosí. Otra región está en Veracruz, ubicada entre el sur del Estado y Oaxaca, la cual tiene una mayor disponibilidad hídrica para su aplicación en la fracturación de la roca, de acuerdo con el trabajo desarrollado por CartoCrítica y publicado por el CONAHCYT.

La implementación de la fracturación hidráulica (fracking) para extraer estos recursos traería beneficios indiscutibles. Las proyecciones señalan que podríamos sumar una producción adicional de hasta 3,196 MMpcd al año 2035 y cantidades mayores en períodos subsecuentes, obtenidos de yacimientos de Geología compleja, como lo indicó recientemente el Director General de PEMEX, el Dr. Víctor Rodríguez Padilla.

Para dimensionar su importante impacto económico basta observar lo ocurrido en los Estados Unidos de América. La cuenca geológica pérmica sedimentaria ubicada en el suroeste de dicho país, una parte importante en el Estado de Texas colindante con territorio mexicano es una región con geología análoga a la nuestra con grandes yacimientos de hidrocarburos que también subyacen en el suelo mexicano. En dicha cuenca se aplica una moderna tecnología de extracción de petróleo y de gas natural ampliamente probada, la cual transformó a la nación vecina de ser un importador de gas natural a constituirse en el mayor exportador del mundo. Los beneficios han sido espectaculares: revitalización industrial, creación de miles de empleos y energía a bajo costo. Tecnología similar a la mencionada es la que sería conveniente aplicar en México, previo análisis por ingenieros mexicanos.

En cuanto a los costos, el modelo actual es sumamente atractivo. Gracias a la estandarización de la industria en la última década, los costos de extracción han disminuido drásticamente, volviéndolos financieramente aceptables. Con ello el costo de producir nuestro propio gas será infinitamente menor al drenaje económico y político que significa depender de las importaciones.

El principal obstáculo en México para este tipo de aprovechamiento del gas disponible en formaciones geológicas de lutitas, ha sido la percepción pública sobre el impacto ambiental, pero la investigación y la industria extractiva actual han evolucionado en una forma muy positiva. Hoy, las geociencias lideran el proceso; mediante sistemas 3D de alta resolución e inteligencia artificial, se mapea el subsuelo con alta precisión, minimizando las perforaciones y la huella en superficie, así como la aplicación de la perforación direccionada logrando optimizar la obtención de hidrocarburos del yacimiento.

El avance más notable está en el cuidado del entorno. El fracking moderno opera mediante circuitos cerrados que permiten el reciclaje del agua, evitando el uso de acuíferos de agua dulce y utilizando acuíferos no aptos para consumo humano perforados a una profundidad mayor, considerando también que los residuos se inyectan a los yacimientos vacíos evitando cualquier posibilidad de contaminación. A esto se suma la transformación química: los fluidos peligrosos se han ido sustituyendo por aditivos biodegradables y polímeros sustentables, reduciendo el uso de químicos agresivos. Para la mitigación de riesgos, la tecnología de pozos con múltiples corazas de acero y el monitoreo microsísmico en tiempo real previenen tanto la contaminación subterránea como cualquier sismicidad inducida.

El aprovechamiento del gas natural no convencional no debe ser un tabú, sino una herramienta técnica. Con costos operativos aceptables, tecnología ambiental madura y un ejemplo de éxito al otro lado de la frontera, la fracturación hidráulica sustentable se perfila como parte de la estrategia de reducción de la dependencia energética de fuentes externas.

Subrayo el punto de inflexión de la política energética apuntalado con la formación de un comité multidisciplinario de expertos (provenientes de instituciones como la UNAM, el IPN y centros de investigación científica) para evaluar la extracción de gas no convencional, cambiando el enfoque de la toma de decisiones: pasar de un debate puramente político o ideológico a una resolución técnica, científica y económica basada en evidencia sólidamente fundamentada.

Ciudad de México, abril de 2026

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios