Autor: Ing. Xavier Guerrero Castorena

Coordinador del Comité de Gerencia de Proyectos

Colegio de Ingenieros Civiles de México, A. C.

En materia de infraestructura, las prisas suelen ser malas consejeras, especialmente cuando se confunden los tiempos políticos con los tiempos que exige la ingeniería.

En fechas recientes se ha dado inicio, o se ha anunciado el arranque próximo, de diversas obras relevantes para el desarrollo nacional. Se trata de proyectos necesarios, asociados a demandas sociales y a objetivos de crecimiento económico. Precisamente por su importancia, resulta oportuno reflexionar sobre un elemento que rara vez ocupa la atención pública, pero que resulta determinante para el éxito de cualquier obra: la calidad, la cantidad, la oportunidad y los trabajos de Ingeniería previos a la construcción.

La experiencia técnica indica que todo proyecto de infraestructura debe sustentarse en estudios de ingeniería básica debidamente integrados, tales como hidrología, hidráulica, geología, geotecnia y topografía, así como en la liberación efectiva del derecho de vía y en la existencia de un proyecto ejecutivo con un nivel de definición suficiente.

No se trata de cuestionar si estos elementos existen o no en las obras en curso, sino de subrayar la conveniencia de que se desarrollen de manera suficiente, oportuna y completa y, cuando sea necesario, se acelere su desarrollo antes de avanzar a etapas constructivas de mayor complejidad.

A lo largo del tiempo, numerosos proyectos han enfrentado ajustes relevantes durante la ejecución de su construcción. En muchos casos, estos no se originan en la etapa de construcción, sino en deficiencias o insuficiencias de planeación que obligan a modificar soluciones técnicas, ampliar plazos o incrementar costos. La falta de información suficiente en las etapas iniciales suele trasladar los riesgos a la fase más costosa del proyecto que es la construcción, afectando su factibilidad social y económica.

En este contexto, la Gerencia de Proyecto representa una herramienta clave cuando se incorpora desde el inicio, es decir desde la fase de planeación. Su intervención permite revisar la consistencia y suficiencia de los estudios y de los proyectos ejecutivos, verificar su alineación con el alcance definido y coordinar de manera temprana a las distintas instancias involucradas, reduciendo la toma de decisiones reactivas durante la construcción.

Dar prioridad a los trabajos previos no implica retrasar el desarrollo de la infraestructura, sino fortalecerlo. Significa crear condiciones de mayor certidumbre técnica, económica, social, financiera y jurídica, y contribuir a que los recursos públicos se ejerzan con mayor eficiencia y transparencia.

La infraestructura que transforma positivamente a las ciudades y regiones no se sostiene únicamente en el concreto y el acero, sino con una planeación rigurosa y responsable. Acelerar lo que no siempre se ve es, en muchos casos, la mejor manera de garantizar que las obras cumplan su propósito y perduren en el tiempo.

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