La planeación hídrica en tiempos del cambio climático

Colegio de Ingenieros Civiles de México

En México, la disponibilidad de agua por habitante al año bajó un 27% entre 1999 y 2017

Jaime F. de la Mora Gómez

En el contexto del Segundo Foro del Agua, organizado por el Comité del Agua del Colegio de Ingenieros Civiles, celebrado recientemente, se obtuvieron valiosas conclusiones sobre los efectos nocivos del cambio climático y la impostergable necesidad de fortalecer los procesos de planeación hídrica para otorgarle prioridad a la conservación de los recursos naturales, y garantizar la sostenibilidad al desarrollo económico y social.

El mundo está enfrentando retos muy importantes que se están manifestando con mayor agudeza con motivo de la pandemia del COVID 19 y de la crisis económica que se ha derivado de ella.

Destacaría el reto de encontrar modelos de desarrollo económico incluyentes que atemperen pobreza y desigualdad, en sociedades que consoliden la democracia como forma de gobierno y de solución de conflictos. También tenemos cambios globales como la nueva conformación geopolítica que representa desafíos para acomodarnos inteligentemente y aprovecharlos íntegramente, pero también existen riesgos que pueden alterar la estabilidad mundial y que en ese sentido nos afecten como país.

Por último, y no menos importante, es enfrentar, en serio, los efectos del cambio climático, que nos ha hecho más conscientes de los problemas que enfrenta la humanidad en materia de la disponibilidad de agua, del aprovechamiento para consumo humano y la producción de alimentos, y del tratamiento y disposición del agua residual.

En México, la disponibilidad de agua por habitante al año bajó un 27% entre 1999 y 2017 de casi 5 mil m3/hab./año a 3,600, debido al crecimiento poblacional, pero también al importante desperdicio en varios de sus usos, y a que seguramente ya interviene el cambio climático que profundizará la tendencia. Los ingenieros debemos planear, para que además de ofrecer a la sociedad soluciones e infraestructura que resuelvan sus problemas de aprovechamiento del agua, éstas acciones y obras no atenten contra el medio ambiente y los recursos naturales.
Con esta consideración en mente, existen una serie de acciones para los diferentes usos del agua, a las que debemos otorgar una mayor prioridad en la planeación y en la asignación de recursos, ante los impactos del cambio climático.

Por ejemplo, en relación al uso para agua potable, destacan acciones tendientes a mejorar la eficiencia en detección, medición y corrección de fugas. También destacaría la necesidad de una mejor coordinación y gobernanza del agua en las grandes metrópolis. Adicionalmente se requiere profundizar en la planeación a largo plazo para identificar y valorar nuevas fuentes de abastecimiento que permitan satisfacer la demanda creciente.

En materia del uso del agua para la producción de alimentos en los distritos de riego, es indispensable planear acciones que tiendan a mejorar eficiencia en la conducción y distribución del agua de riego. Es importante mencionar que el 76% del uso de agua en el país, se destina a esta finalidad, y por eso es importante llevar a cabo acciones que eficienten su uso, ya que se estima que se desperdicia entre un 40 a un 50%. Otro tema importante, es trabajar en la regulación de la extracción de agua en pozos de uso agrícola para que no rebasen los límites que impone la recarga natural y evitar el deterioro de los acuíferos. En donde sea posible habrá que promover cambios en los patrones de cultivo hacia otros con menor consumo de agua. Desde luego, es necesario incentivar con mayor vigor la utilización de fuentes de energía renovables en todas las actividades agropecuarias.

El cambio climático está obligando a adecuar la capacidad de las obras hidráulicas destinadas al control de avenidas, ante fenómenos climatológicos extremos. Obviamente lo anterior deberá estar acompañado de una mejor planeación urbana y aplicar con rigor los reglamentos para los asentamientos humanos.

En el caso de la generación de energía hidroeléctrica, habrá que explorar la factibilidad de sobre elevar presas y realizar obras de rebombeo para volver a turbinar. También están las opciones de hidroeléctricas de baja carga, principalmente en el sureste del país.

El tratamiento de aguas residuales exige un esfuerzo para poner en funcionamiento numerosas plantas de tratamiento actualmente subutilizadas o inoperantes. En este tema una opción que nos ofrece la propia naturaleza, es la utilización de humedales para mejorar la calidad de las descargas de aguas residuales.

Un tema de especial preocupación es el de la sobreexplotación de los acuíferos, ya que de un total de 653 acuíferos se encuentran 115 sobreexplotados. Tenemos, de manera muy preocupante, un acelerado ritmo de sobreexplotación, considerando que en 1975 solo había registrados 32 acuíferos en esa condición, o sea que en menos de 50 años el número de acuíferos sobreexplotados más que se triplicó. Cada año se pierden 6,500 millones de metros cúbicos de almacenamiento debido a la sobreextracción, y se ha mermado el caudal ecológico. En esta materia es muy importante reforzar la autoridad del agua, y que la planeación hídrica considere la integralidad del ciclo hidrológico, los probables efectos del cambio climático y la preservación del medio ambiente.

México tiene 4,866 presas, de las cuales, más de 3,500 tienen más de 50 años de edad, por lo que se debe hacer una revisión rigurosa de su estado y tomar las medidas necesarias para atender a las nuevas condiciones climáticas. A su vez, el cambio climático tiene un efecto importante en la operación y riesgos a los que las presas están sujetos. Para atender esta problemática sobresalen algunas propuestas concretas hechas en el Foro como: establecer políticas de restricciones de uso del agua, en casos necesarios; revisar los criterios de gasto ecológico variable, ajustado a las condiciones climáticas; introducir aranceles estacionales para reducir las demandas mayores que la oferta; y priorizar los usos del agua, entre otras. Por otra parte, la distribución original de los derechos del agua no toma en cuenta la disponibilidad actual de agua renovable. Por lo tanto, urge hacer ajustes.

En los años 60’s y 70’s se realizaron importantes proyectos hidráulicos con inversiones considerables, pero sin embargo sólo el 59% de la población recibe agua diariamente y tiene saneamiento mejorado. Las asignaciones presupuestales para CONAGUA han disminuido drásticamente en las últimas administraciones, lo que nos refleja la baja prioridad que el Gobierno Federal y la Cámara de Diputados le dan a la administración del agua. Por otra parte, se factura el 42% del agua que se distribuye y lo que se cobra es aún menor, por lo que se ha descuidado el mantenimiento de la infraestructura, la reposición de la que ya rebasó su vida útil y atender nuevas necesidades. 

Una reflexión final: la recuperación económica en la post-pandemia y las soluciones e infraestructura para el manejo y cuidado del agua en el futuro, deberán de considerar de manera prioritaria el cambio climático y el combate al calentamiento global y una herramienta esencial será la planeación hídrica.

En esta sesión del Foro de la Planeación Hídrica participaron como ponentes el Dr. Felipe Arreguín Cortes, el M. en I. Rubén Chávez Guillen y M. en I. Ricardo Martínez Lagunes, de cuyas conclusiones y recomendaciones se ha enriquecido este artículo. En su elaboración participó el Dr. Rodolfo Salvador Delgadillo. También agradezco los comentarios y sugerencias a los destacados ingenieros Oscar Vega Roldán, Presidente del Comité del Agua del Colegio de Ingenieros de México (CICM), y Luis Robledo Cabello miembro del XXXVIII Consejo Directivo del CICM y Premio Nacional de Ingeniería. 

Miembro del Comité del Agua del CICM

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